Druga Godba 2005: Evelyna Petrova & Livio Minafra
El martes pasado tuvo lugar la segunda noche del Festival Druga Godba 2005, en el Cankarjev Dom (algo así como el Colón de Ljubljana) , en una sala más chica, la Štihova Dvorana.
La sala fue bien elegida (sólo 5 filas organizadas circularmente), porque el menú de la noche incluía dos conciertos individuales, separados con intervalo en el medio, con oportunidad para
vivir un feeling a lo MTV Unplugged o Jools Holland.
Parte 1: la hechicera rusa
La primera invitada fue Evelyna Petrova, acordeonista, cantante, compositora e improvisadora profesional. Creció en los suburbios industriales de San Petersburgo, pasando sus vacaciones en el campo, donde tuvo su primer encuentro con el acordeón, a los 12 años.
Mucho tiempo ha pasado desde aquel decisivo momento, y esta noche Evelyna se lució de principio a fin, con el material, la interpretación, los climas, los matices, el sonido, etc. Un verdadero lujo.
Interpretó completo su último CD (Life Cycle), que no es otra cosa que 12 canciones -una para cada mes del año-, basadas en textos rusos clásicos o folklóricos, con arreglos propios. Como ella misma definió en un parco pero encantador inglés, cada una es una “pequeña historia”.
Dotada con una voz más que versátil, a lo largo del concierto Evelyna fue poseída alternativamente por rusos borrachos, viejas brujas, animalitos, ingenuas campesinas y un largo etcétera (sin olvidar un efecto que sólo puedo describir como un “delfín herido”). Demostrando un grandísimo dominio del instrumento (usando creativamente el fuelle, las teclas, las voces, etc), nos transportó a esos paisajes y lugares del campo ruso… desde el muy oscuro y deprimente invierno hasta el activo verano y el fresco pero interesante otoño.
Doña Petrova, además, cuenta en escena con un histrionismo que pondría verde de envidia a cualquier actriz del momento. Los personajes son vívidos, creíbles, llenos de energía… lo que, por otra parte, podría ser quizás el único (y muy pequeño) punto flaco del concierto. Los matices (que los hubo y muchos), fueron de caracter sonoro y/o interpretativo, pero siempre con una gran cuota de dramatismo presente, que algunos podrían considerar exagerado… pero qué tanto, al fin y al cabo estamos hablando de una bruja rusa! Déjenla vivir! ![]()
En fin, celebro haberla visto en vivo y en un espacio tan íntimo, porque se me ocurre que cada concierto tiene que ser una experiencia diferente… y que este no es material para grandes teatros.
Parte 2: El Tano Insoportable (o “cómo asesinar un buen momento”).
El piano de cola que dominaba la sala tendría que haberme dado alguna pista. Dispuesto sin la tapa, sobre las cuerdas y el atril se atisbaban sonajeros, un armazón con platillitos de turista, chiches de plásitco comprados en el Once, etc… ¡Tendría que haberme dado cuenta! Pero no.
Nada me había preparado para Livio Minafra, un pibe de 22 años que entró aporreando el piano (con la mano abierta, el codo, el brazo), y se disparó con un concierto interminable de clusters sonoros, polirritmias infantiles, melodías bobas, algunos pasajes más “musicales” plagados de errores, matices previsibles y una gran gran gran falta de contenido, mensaje o sentido.
Más allá de la música (intrascendente), lo que más me alucinó fue el público. Estaba extasiado, celebrando la italianidad del muchacho (que es algo así como la argentinidad, pero menos sutil). Cada vez que éste se levantaba del piano para hablar, yo temblaba, y no sólo por su incomprensible inglés, sino porque sin dudas sería otro largo capítulo sobre alguna intrascendencia llena de ego sobre el jazz, las campanas de su pueblo, o de cuánto le gusta comer pasta con pomodori… a lo cual el público rompía en extasiado aplauso cerrado! La pura verdad.
En fin, no puedo pensar en mejor antídoto para la magia generada por Evelyna Petrova. Hay que aceptar que Livio Minafra, en escena, resulta un payaso inconexo, que para algunos se les antojará divertido. Yo, por otra parte, soy de los que creen que a un concierto se va, primeramente, a disfrutar de la música (y al circo a ver payasos). Siempre se agradece el carisma, por supuesto, pero si no hay contenido, muchachos, es una pérdida de tiempo.
Para cerrar, creo verdaderamente que todo en la vida suma, incluso cuando uno se ensarta con una segunda mitad de un concierto tan bipolar como este. La próxima vez, seguro, me iré al intervalo!
Entradas relacionadas
Escrito el 11 de Junio de 2005 y archivado en General.
Etiquetas: General.






Parece que lo único bueno del tano es su nombre de pila…
Como dicen los teóricos del aprendizaje constructivista, del error se aprende (y, yo agrego) más que de los aciertos. Así que balance positivo. Yo no tengo experiencia con la música, pero sí con los libros y con estos sucede lo mismo: muchas veces uno continúa para ver “a dónde quiere llegar” y se lleva, generalmente, un chasco, pero ya lo ha leído completo :+ (símbolo de autoputeada). Por eso, ahora, si a la página 100 no pasó nada, lo largo y trato de recordar el título, para no recomendarlo. Como dice tu hermana, cuando a los 10 minutos de película, no pasa nada, uno puede levantarse e irse.
Me alegra saber que con otras artes ocurre lo mismo (¿acaso nunca habéis abandonado una muestra de plásticos creativos en el Borges?).
En fin, tu sitio llama a reflexionar, y eso siempre es bueno. Besos, mami.
Gracias por los comentarios. Recién venimos de Lokavec, y una vecina de Ksenija se casó, así que tenemos fotos, reflexiones y panzas llenas.
Coming soon! Besos.