Encuentre la diferencia

El 7 de enero, como ya les conté, llegué.

Ahora bien, algunos me han preguntado (y otros me han RECONTRA preguntado), cómo me fue en Buenos Aires. Cómo se siente vivir en donde naciste y te criaste por 27 años, y andar como si fueras turista y todo eso. En suma: no se sintió casi nada el cambio, fue casi como sacar un CD de la pausa.

¿Y cómo es esto posible?

En primer lugar, mis amigos músicos organizaron 5 (¡cinco!) conciertos en el cual participé, con la excusa del fin de año, claro está, pero que de igual manera sirvió para darle una onda a mi reincorporación más a tono con “che, hace como un año que no venís a los ensayos!!” más que de “ha retornado el hijo pródigo, regocijáos” o locuras así. Eso me permitió un buen cable a tierra con la realidad, con una continuidad de actividades que, a pesar de la distancia, se pudo y se puede mantener. Puro placer, para ser sinceros.

Eso en cuanto a la música.

En cuanto a la maravillosa/horripilante (tachar lo que no corresponde) Buenos Aires, la encontré más avanzada en la espiral de ruido y nervios en la que se encuentra  -a mi humilde entender- desde hará unos 5 años. El detalle más notable es la expiración de unas de las leyes no escritas más universales de la ciudad: eso de “a cualquier lado llegás en media hora en colectivo” no existe más. Finito. Kaputt. Niente. Ahora le tenés que poner 45 minutos,  como mínimo. El tránsito se ha vuelto más viscoso (me dicen que es gracias a la “recuperación económica”, que por pequeña o incipiente que sea ya ocasiona que mucha gente se endeude nuevamente con tal de cambiar el auto) y el ruido de la ciudad es, por consiguiente, mayor.

Obviamente, todo eso se diluye cuando uno vuelve a ver a la familia y los amigos, y se reúne con las actividades a las que uno les dedicó tanto tiempo (la música, el mirar libros, el comprar cosas en el Barrio Chino, reencontrarse con los aromas y los sonidos -¡pero no los ruidos, eh!- de la vida cotidiana), y un largo etcétera. Pero eso no quita que Buenos Aires me vuelva loco :-) Si en un tiempo decidimos volver a instalarnos en Argentina, y si las cosas continúan como creo que continuarán, vamos a tener que buscar otra ciudad. ¿Córdoba capital? ¿Mendoza? ¿Montevideo quizás? En fin, ¡el tiempo dirá! (y se aceptan sugerencias, je). Los dejo con un par de fotos. La primera es de Buenos Aires (Plaza San Martín) y la segunda de Ljubljana (Parque Tivoli). En las dos vemos bonitos espacios verdes con árboles, pasto y pajaritos.

¿Cuál es la diferencia, entonces, de la que habla este post?Simple: el ruido. En la segunda foto, a veces tenés hay que hablar alto para poder hacerte entender con quien tengas al lado, por culpa del omnipresente ruido de la ciudad. En la primera, en cambio, la mayoría de las veces hay silencio. ¿Una es mejor que la otra? Eso ya depende de cada uno, pero así y todo me sorprendió la cuestión sonora (músico al fin que soy, ja!)

Volviendo

Hola muchachos!

Luego del último post, que suscitó -para este humilde blogui- un montón de comentarios, empiezo a volver a escribir. Verán, ayer a la noche terminé con aquella columna de la que les hablé antes, y por lo tanto ALGO más de tiempo tengo. En breve escribiré sobre dos cumpleaños (uno importantísimo y otro importante) que por falta de tiempo no pude escribirlos, pero que sin importar el tiempo que pasó, aún tengo muchas ganas.

En otro orden de cosas… les quería agradecer a todos por los comentarios. Siento como que de a poco se va armando como una comunidad de hispanoparlantes relacionados de alguna u otra manera con este paisito donde estoy viviendo hace ya -a ver, el contador- 357 días (se viene el aniversario pronto!).

A todos los que conocí a por culpa de este blog (Alilia, Fede, Heck, Peji, Diego, etc), un sincero agradecimiento. Y a los que no escriben… ¡¡¡¡¡¡les hago pito catalán!!!!!

pd: ¿alguien explica qué es un “pito catalán”, por favor? gracias

Leyendo Alta Fidelidad, de Nick Hornby

High Fidelity DVDComo dicen en España, esta semana estoy “de Rodríguez”. Para los no-ibéricos, esto vendría a significar cuando uno se queda solo en casa, ya que la pareja de uno, por alguna u otra razón, está lejos (en mi caso, Ksenija se quedó en Lokavec porque tiene que arreglar algunas cosas para la presentación de su tesis, papeleos, etcéteras).

Más de uno me dirá, entonces, “dale, aprovechá entonces, a recorrer la noche loca de Ljubljana!”. Y razón tendrían, si no fuera porque tenemos unos halagüeños 15 grados bajo cero que muy graciosamente te invitan a quedarte en casa a leer un libro, protegido por fuera con frisa y por dentro con chocolate, té y nueces.

Lo que me trae al post de hoy.

Como algunos recordarán, una de mis películas favoritas de todos los tiempos es, sin lugar a dudas, High Fidelity (2000), de Stephen Frears, con el gran John Cusack, super acompañado por gente como su hermana Joan, Jack Black, la Zeta-Jones, y hasta Tim Robbins y ¡Bruce Springsteen!

Si no viste la película, solucioná eso YA!

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Invierno: mucho más que frío

Mientras que aquí ha vuelto a caer la nieve, me cuentan algunos de mis amigos lo siguiente:

. En Bodø, un poco más al norte de Oslo, hasta hace poco sólo habían 2 horas de sol por día, entre las 11 y las 13 ( gracias, Cathrine!)

. En Kaunas, donde vive mi amiga Kristina, estos días a la noche está haciendo -27. Léanlo de nuevo. Veintisiete. Grados. Bajo. Cero. Kristina, te mando un abrazo y si pudiera, unos mitones bien abrigados :-)

Aquí en Ljubljana, por otra parte, la temperatura está más agradable, acercándose a los 0 grados, lo que inevitablemente significa nieve. Pero el invierno se nota que se está yendo de a poco, ya que las horas de sol se acrecientan día a día (de verdad!). Al menos todos los días tenemos como mínimo 30 minutos más de sol, lo cual se agradece.

Estimados lectores, ¿cómo va por España, Italia, Canadá, Francia, Vietnam, etc?

“¿En qué andás?”, me preguntan

Y yo contesto.

Desde hace unos días que no tengo el tiempo o la energía para escribir al blog. Algunas de las razones serían estas:

  • El cambio de temperatura se siente, y MUCHO. Cuando llegás a casa lo único que querés hacer es tirarte en el sofá, tomar algo caliente y máximo leer un libro.
  • El cumpleaños de Ksenija llevó algo bastante de logística (si bien lo hizo todo mayormente ella), pero tuvimos gente en casa el jueves a la noche.
  • Hay mucho hielo (léase: nieve congelada) en Ljubljana, por lo tanto pasé todo mi transporte al sistema peatonal: ergo, paso más tiempo caminando.
  • El Gobierno de Eslovenia (¡qué nivel!) me contactó para que les escriba una pequeña columna sobre “mi vida en Eslovenia”, a publicarse en la revista nacional de promoción del país.
  • Tuve que configurar algunos de los aparatos que me traje, afinar el nuevo tabla, estirar otras cosas, y practicar, que si no a uno se le va el brillo, vio?
  • En el trabajo las cosas van bien, pero lógicamente el tener éxito signfica más responsabilidad y tiempo — léase, menos tiempo para haraganear en la ofi.
  • Y por último, retomé los ensayos con el ensamble de percusión del año pasado, pero esta vez con un nuevo integrante que tiene un proyecto interesantísimo de desarrollo cultural en general, y musical en particular, para toda Eslovenia, y esto también requerirá tiempo. Sé muy poco y puedo decir incluso menos, pero pinta muy interesante, de verdad.

En resumen, eso. No veo esto como dar excusas, sino como contar un poco sobre cómo se vive este invierno en Ljubljana, donde al menos por ahora las temperaturas han estado dentro de lo humanamente manejable (máximo habremos tenido un -8).

Así que a disfrutar, y más info más luego!

Vuelta a Eslovenia… ¡y el frío no se va!

El viaje desde Argentolandia fue largo y cansador, para qué vamos a ir con eufemismos.

El primer tramo Buenos Aires - Milano, de alegres 13:50 horas, fue bien olvidable. A pesar de haber solicitado un asiento al pasillo, el menú vegetariano y de tener un buen libro, anteojeras, almohada inflable y tapones de oídos, casi no pude dormir. En los vuelos de Alitalia clase inmigrante posguerra, simplemente no hay lugar. Pero bueno, llegamos sanos y salvos a Milano, y ya el pasar por la manga al aeropuerto fue una experiencia arrebatadora, a 1 grado bajo cero de temperatura, claro está.

Luego de hacer migraciones por enésima vez, a embarcar fui para el vuelo a Vienna, mi último destino aéreo. El problema estaba en que no iba a contar con mucho tiempo para ir del aeropuerto vienés hasta la estación de trenes desde donde saldría mi tren hacia Ljubljana. En eso estaba cuando veo, en el autobús que te lleva al avioncito, a un pibe leyendo el diario El País, y entonces le pregunto si sabe algo sobre cómo realizar dicha conexión. Resultó que sí sabía, ya que este señor -vasco, de nombre Iñaki, como no podía ser de otra manera- tiene una novia austríaca, y por ende tenía bien anotado cómo llegar a su casa, un par de estaciones de tranvía antes de donde yo me bajaba.

Y digo tranvía porque para ir del aeropuerto hasta la Südbahnhof hay que tomarse un tren local, luego combinar con un subte, y LUEGO con un tranvía. Imagínense hacerlo con 0 grados, poco abrigo y cuatro valijas. En fin.

El segundo avión arribó a Vienna más de media hora más tarde por culpa de la niebla reinante, por lo que mi tren de las 12:57 se me iba a escapar. Entonces fuimos tranquilos con Iñaki a buscar el tren, el primer paso de la super-conexión. También me contó un poco de su historia.

Iñaki es vasco, como dije anteriormente, pero vivió mucho tiempo en Madrid. Actualmente estudia periodismo en Bucarest, Rumania. Se conocieron con su novia, austríaca, en un campamento de voluntarios… ¡en Palestina!

(sí, ese tipo de gente uno se puede encontrar en un bondi que te lleva a un avión de 40 plazas, de Milano a Vienna)

Hablamos un buen rato, y me ayudó no sólo con las valijas, sino que también con todos los boletos — en resumen, el periplo no es para ser hecho en solitario, así que usted señora/señor, consígase un compañero de ruta que hable en euskera!

Ahora sí, en la estación de trenes de Vienna saqué mi pasaje con destino a Ljubljana (61 euros, bien gracias), que salía como 2 horas y media más tarde. Conseguí un changuito para mi equipaje, me compré mi infaltable Toblerone en una máquina expendedora, y me dediqué seguir leyendo y esperar a que se haga la hora. Apenas pude subí al tren, porque hacía un FRIO de mil demonios congelados.

El último paso en esta cadena de stress era que la combinación con el último tren, de Maribor a Ljubljana, era muy justa: contaba con sólo 3 minutos, así que ya me imaginaba tener que correr con las valijas por el andén nevado o peor, congelado. Como no pudo ser de otra manera, me preparé mucho para la movida, y llegamos con (no les miento) 40 segundos de tiempo. El último tren paraba en el mismo andén, pero en la otra vía. Corrí desaforado, subí las valijas y por último, hice pie.

El cambio fue notable desde el principio. Una chica que estaba arriba del tren me ayudó con las valijas, y así subí a uno de los nuevos trenes eslovenos, que son absolutamente DE LUJO. Cuando vino el guarda, tuvimos una amable conversación (¡de verdad!), me dio factura por un costo extra (una nada, digamos 1,80 EUR), charlamos un poco y se fue sonriendo. Por los parlantes, el conductor decía, a cada estación "damas y caballeros, en breves instantes estaremos en [próxima parada]", y al finalizar un "muchísimas gracias por viajar con nosotros, esperamos volver a contar con ustedes, muy buenas noches".

Qué sé yo. Yo nací en Argentina, con todos sus estereotipos (que gracias a Dios mis amigos y familia están bien lejos), pero estas cosas realmente a mi me pueden. Peor aún, al volver a escuchar el idioma, me sentí como en casa. Así que ¡cuidado! ¡Eslovenia es maligna! ¡Les quita al mundo sus hijos, a fuerza de buenos modales!

Ayer lunes y hoy martes ya volví a trabajar, retomando mi rutina de caminata matinal (unos 35 minutos), a ocho grados bajo cero.

Mi dios, QUÉ FRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍO!

(pero bue, me compré una vincha pa’  las orejas, y a otra cosa!)

Primavera-Invierno

¿Se acuerdan de esta foto?

primavera_invierno

Bueno, en noviembre se veía así:
Ahora, en enero, la torre de alta tensión está mucho MÁS tapada de nieve que de costumbre.

Ya sé, siempre escribo sobre lo mismo, pero bueno, así estamos :-)

Las estaciones pasan

¿Se acuerdan de mi post sobre el paso de las estaciones?

Bueno, un muchacho noruego hizo algo parecido, pero de mucha más calidad. Sacó la misma foto (la ventana de su living) a lo largo de todo el 2005, lo emparejó y armó un video que se ve en 1 minuto.

Nosotros acá tenemos un panorama con más luz que en Noruega, pero el cambio me atrevería a decir que es igual de drástico.

Disfrútenlo

Llegué!

Y sí nomás, ya estoy de vuelta en Ljubljana.

Ahora tengo que ordenar todo lo que saqué de mis valijas (4), afinar un tabla, instalar una consola, mover la máquina de Ksenija a otra parte, etcétera etcétera. Llegó todo bien, pero el viaje fue laaaaaaaaargo y accidentado. Gracias a Dios, conocí a un vasco que conocía Viena… pero me voy de tema. Les cuento pronto!

Abrazo desde Ljubljana, nuevamente con invierno, nieve y chocolate caliente.

Feliz año nuevo! Srečno novo leto!

Eso.¡Feliz 2006!

(autofoto tomada el 31 de diciembre a las 23:59:53)