Pascuas a la eslovena, año II
Y así es nomás, una de las cosas que tiene el estar aquí hace más de un año es que algunos acontecimientos se empiezan a repetir. En efecto las Pascuas, como el año anterior, tuvieron lugar este fin de semana que pasó.
Lo que tiene de bueno es que este año puedo ver, con un mínimo de retroactividad, qué cosas son las que verdaderamente hacen a la celebración de la Pascua en mi familia eslovena. En resumidas cuentas, lo importante es lo social: verse las caras con la mayor cantidad de familiares, conocidos y vecinos posibles, llenarse de comida, y relajarse de cara a la primavera que se viene.
Este año también fuimos a la bendición de la comida en la parroquia de Žapuže, que es el pueblo de la familia materna de Ksenija. A un tiro de piedra de Lokavec (el pueblo donde vivimos actualmente, 1000 habitantes), a su vez dentro de la ciudad de Ajdovščina (6000 habitantes), todas localidades con sus regionalismos bien tirantes, en una ínfima superficie física… claro está, todo esto resulta imcomprensible para un citadino, y de pesadilla para el señor Venn (el del diagrama, claro). Pero me fui por las ramas. Continuemos. Al igual que el año pasado, fuimos a los de los tíos a darnos duro y parejo con pan, jamón, hren, huevos, potica, gelatina de carne y demases, todo rigurosamente casero.
Por supuesto, una de las tradiciones más populares es la del coloreado de huevos. Sin embargo este año, debido al furor limpiandis de quien escribe, la tradición se rompió. Me explico. En algún momento del invierno, con una de esas limpiezas generales de fondo que siempre ocurren, se me ocurrió limpiar el cajón de las cebollas (imagínense el lugar para las verduras al fondo de la heladera, pero lleno de viejas cáscaras de cebolla, un par de cabezas de ajo, y alguna que otra cebollita escuálida, solitaria en medio de tal jungla cascárica). ¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar? ¿Tomar el toro por las astas, y tirar prolijamente al fuego las viejas cáscaras de cebolla roja, dejando así en inmediata evidencia la cantidad y calidad de ajos y cebollas en stock, verdad? ¿O no? ¿Eh? Si ustedes dijeron “Sí, claro!”, pues entonces significa que la Pascua siguiente será sin huevos pintados. ¿Y por qué? Simple. Al igual que el año pasado, en mi familia eslovena los huevos se deben teñir únicamente con tinturas naturales, léase cáscaras de cebolla y café. O séase, tuvimos huevos, pero teñidos únicamente de su natural color marrón. En fin, hay cosas peores.
Por supuesto no sólo de huevos vive el hombre. También amasamos una potica de chocolate, y Alan (el futuro marido de Maja, mi cuñada) se puso con una cantidad pornográfica de chocolate (huevos, chocolatines y un largo etcétera). En esta familia, verán, es tradición que para Pascuas no se cocina, ya que con la potica, lo que se come en las casas de los tíos, y el chocolate a raudales, realmente no vale pena (yo igual me cociné un arrocito con verduras saltadas, tenía que sacarme el empalago de alguna manera, vio).
Para finalizar, Ksenija y yo les queremos desear felicidades a todos aquellos que, por estas épocas, se juntan a celebrar las pascuas, sin importar la denominación religiosa, claro está. Lo importante es, a nuestro entender, tomarse un tiempo para verse con la familia, pasar un buen rato y hasta quién te dice, reflexionar un poco.
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Escrito el 17 de Abril de 2006 y archivado en Sin categoría.
Etiquetas: Costumbres Eslovenas • Cotidianeidad • Gastronomía • Religión • Vida en Lokavec.






hola!! gracias a sus indicaciones llegué perfectamente a chinatown… la verdad que quedé un poco desencantado, yo me imaginaba algo más grande, pero bueno, dio para hacer unas compritas y comer comida china! en el blog tengo algunas fotos que tomé en su fotogénica ciudad natal… qué la parió que es grande… me agarró la huelga de subtes volviendo de San Isidro y me tuve que ir en colectivo, la verdad que viajando en subte ni te das cuenta lo enorme que es… eso si, terminé con los nervios destrozados, pero acá estoy, vivito y coleando!
saludos y gracias de nuevo!!
¡Qué bien educado y ordenado me salió este hijo! Yo hubiera hecho lo mismo, con las mismas irremediables consecuencias
fede: que gusto que te guste baires, a mi me gusta mas monte vide eu. lo que sí NO me gusta es la sopa. y la foto que ha puesto el adoptivskeslovenske me revuelve las tripas. El mantel de hule, el plato en donde se encuentra la sopa y la misma sopa (con un huevo crudo metido a saco ¿?) son los elementos de tortura de mi infancia.
fede: bienvueltado!!! buenos aires es, como dicen aquí, ogromna… palabra que a mi entender transfiere mucho más que “enorme” o “gigante”, algo así como “gargantuesca”.
Mami: y sí, uno trata de ayudar, aveces con consecuencias inesperadas.
Diego: es peor de lo que imaginás. Fijate que el comensal está agarrando un tenedor, lo que indica la consistencia gelatinosa del coso ese. Es mucho peor que una sopa fría… es gelatina de carne fría! Con un huevo duro adentro! EL HORROR!
La verdad que tu blog es muy interesante.
Encontrar visiones de un compatriota de un lugar del mundo tan distinto, no solo es enriquecedor sino entretenido.
Un abrazo.
Hernan
Oye, sin ánimo de ofender
es verdad que tu madre te escribe esos mensajes?
es que con esos comentarios tan socarrones me recuerda al “Sr. Casamajor” de un programa de radio que hacía Javier Sardà a principios de los 90 llamado “La Ventana”, aunque figuraba más edad que ella.
Qué suerte tienes chico!
Mercedes: ¡sí! La que firma como “mami” es la madre que me parió
Po’ que viva la madre que lo parió, pues.