Día de los muertos
En Eslovenia, hoy es el Día del Recuerdo de los Muertos, un feriado con historia. Antes de la entrada a Yugoslavia, en Eslovenia el 1 de noviembre se celebraba el Día de Todos los Santos, pero la secularidad del muy particular comunismo del Mariscal Tito y compañía le cambió el nombre, para hacerlo menos religioso; hasta el día de hoy el “nuevo” nombre se mantiene.
La costumbre es ir al cementerio donde descansan los restos de la familia, y dejar una o más velas encendidas durante toda la noche. En todo el país esta es una tradición que se mantiene muy viva, y no sólo porque es feriado nacional, claro está.
En una nota más personal, no puedo evitar reflexionar sobre esta fecha y su relación con el reciente fallecimiento de mi abuelo Simón. Él, firme seguidor de los ideales marxistas durante toda su larga y agitada vida, ordenó que sus restos fueran incinerados y luego arrojados a la fosa común. Evidentemente, mi abulo no creía en ningún tipo de “más allá”, vida eterna o lo que fuere; cosa que es obviamente respetable.
De lo que él quizás no se percató en vida fue que, al tomar esa decisión, le negó de un plumazo toda posibilidad de recuerdo póstumo a la grandísima cantidad de gente que se relacionó con él en vida, de buena o mala manera. Excepto el grupo familiar más cercano (que tuvo acceso a su velatorio), nadie podrá ir ya a visitar su tumba o nicho para dejarle unas palabras cálidas, o una flor, o una sarta interminable de puteadas (así fue mi abuelo, muy todo o nada eran las relaciones con él). Y esto no sería puro sentimentalismo, sino todo lo contrario: una forma de catarsis, reflexión y por qué no perdón por parte de los que quedamos físicamente en este mundo.
Al elegir la cremación anónima, mi abuelo le cerró simbólicamente la puerta al recuerdo. Y considerando que fue una persona muy importante para muchísima gente, no puedo menos que lamentarlo.
Pero bueno, desde aquí les digo, queridos lectores: consideren si el nihilismo tan típicamente moderno de “que me quemen total no hay nada más allá” no lleva dentro suyo un egoísmo que tiene mucho de triste, solitario y final.
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Escrito el 1 de Noviembre de 2006 y archivado en Sin categoría.
Etiquetas: Costumbres Eslovenas • El tiempo pasa • Reflexión.






Siempre pensé como tu abuelo, pero te entiendo.
En mi caso, el post me lleva a dudar o, por lo menos, a reflexionar. Pienso: no necesito una tumba para acordarme de los seres queridos que ya no están, ya que se me cruzan con mayor o menor frecuencia, según las circunstancias. Pero tal vez a otros les sirva detenerse en un sitio, “pensarlo” o “pensarla” y rendir homenaje a su manera.
Un tema polémico, me parece, ¿qué opina la juventud?
si te digo la verdad, nunca pasé por la tumba de nadie a recordar, ni de mis abuelos ni de otras personas cercanas que se fueron, no siento la necesidad de hacerlo. prefiero recordarlos en fotos, en las cosas que hicieron (una mantilla, un cuadro de cobre repujado, una sábana bordada, cosas así).
Acá el Día de los Difuntos es el 2 de noviembre, y como el estado es laico, no tiene ningún nombre oficial relacionado con la religión… tanto así que en los calendarios oficiales posta-posta no dice navidad sino Día de las Familias.
Siempre pensé como tu Mamá y como tu Abuelo.
Pero también coincido con Fede.
Sumo y queda: que me cremen, mis cenizas al viento de cualquier lado (tu Abuelo José quiso que sea en los vientos que soplan en Villa del Parque y así fue…) y que me recuerden como era en vida, con mis cosas buenas y las no tanto (si no hay mas remedio…).
La cremación no es una cierre a la puerta del recuerdo, porque el recuerdo es propiedad de cada uno y ni siquiera tu Abuelo, podría haber cerrado esa puerta, sencillament porque no existe.
Quien quiera recordalo lo hará como quiera (o pueda), independientemente de los deseos del muerto.
En el caso de tu Abuelo, su cremación fue mas anónima aún, ya que nadie presenció el acto, que se realizó el día siguiente a su fallecimiento.
Todo un símbolo! Respeto a sus creencias? Desinteres de su familia? Respeto a las propias creencias de cada uno de los presentes?
Que se yo…
En cuanto al velatorio, literlmante se trató de una espera compartida hasta que los contratados al efecto realizaron su trabajo, pero un velatorio en el sentido clásico de la palabra, con velas y/o café y/o gente llorando. Fue una espera.
Otra vez me sumo a tu Mami: ¿Que opinan los jóvenes?
No me he parado a pensar en lo que quiero que hagan con mi cuerpo cuando muera, pero al menos tengo claro lo que no quiero que hagan. Prefiero una ceremonia civil y tranquila, sin la parafernalia eclesiástica, con los familiares y amigos que me sobrevivan. Mi padre siempre ha sido muy escéptico con las cosas del más allá -pese a algún fenómeno paranormal acaecido en mi niñez- y yo, que en un principio discrepaba, con el tiempo he ido dándole la razón. Los cementerios, aún con flores, son lugares tristes donde -según mi opinión- no es necesario ir para recordar a ningún ser querido. Carlitos, cuando vayas a Villa del Parque, puedes imaginar a tu abuelo formando parte, aunque sea pequeña, de cada árbol, de cada hormiga, de cada ser que se mueva por allí, sin necesidad de ponerte delante de una lápida. El recuerdo no se encierra tan fácilmente.
Es muy personal… en mi caso, mis abuelos están enterrados en los típicos cementerios de la colectividad (democráticamente, dos en Tablada y dos en Berazategui). Fui a uno solo de los entierros (los demás murieron cuando era chico). No fui nunca a visitarlos, y no lo necesité; los recuerdos los llevo adentro, o en todo caso en cosas más íntimas (algo que me regalaron, fotos, lugares compartidos, “cosas” -no objetos- que me dejaron).
La mamá de Vale, mi mujer, murió no hace tanto. Los hermanos de Vale van al cementerio cada tanto (a veces porque sí, otras porque son fechas tipo cumpleaños y demás), Vale no fue al entierro ni pisó el cementerio después. Hay gente que lo necesita y gente que no, y no hay cómo decir qué está bien y qué está mal.
Me parece muy poética la idea de hacerse parte de un lugar querido (esparcir las cenizas en alguna parte), creo que sería mi opción. En todo caso, los que te quieren recordar van a ese lugar y no piensan en un montón de muertos, piensan en por qué ese lugar fue importante en tu vida y en la de ellos. Me parece más sano y mejor para todos (los que están y los que no) mantener vivo el recuerdo que honrar a los restos.
Cuando mi papá murió, tambian pidió que sus cenizas se dispersen en el lugar que amó. Un jardín, creado en cierta forma por él mismo. LLeno de hermosos arboles y donde habiamos pasado seguramente los momentos más felices Junto a él.
Así lo hicimos y me pareció bien.
De allí que Parque Leloir es sinonimo para mi de mi padre.No necesito volver allí para recordarlo, porque siempre lo tengo presente.
Comparto tambien lo que dice tu mamá.
Soy una argentina que desde hace algun tiempo tambien vive por este rincon del mundo. (Celje- Eslovenia)
Les agradezco a todos los comentarios. De verdad.
El chiste de todo es que quizás no logré expresarme bien del todo. Coincido conque no se necesita una lápida para recordar a un ser querido. Lo que me molesta es el nihilismo de patear el tablero y que no quede nada (o casi nada) que visitar. En otras palabras: me hubiera gustado que alguno de mis 4 abuelos, con los cuales tuve corta relación en un caso, y accidentada en otro, “estuviera” simbólicamente en un cementerio. Haría las cosas más sencillas, creo yo, para los que quedamos de este lado. Lógicamente, caminar por Villa del Parque para “visitar a mi abuelo José” es una muy buena idea… pero la Villa del Parque que él conoció, ¿existe todavía?
No me salen frases claras al respecto, y quizás no salgan durante un tiempo… gracias a todos, de todas formas.