Esta será mi primera Navidad fuera de mi Argentina natal. Antes que nada y para despejar cualquier duda, en mi familia jamás se le dio mucha importancia a la Navidad ya que motivos religiosos jamás existieron. Simplemente era, junto con Año Nuevo, una de las dos fiesta en las que se reunía la familia para comer, beber e intercambiar regalos. Peor aún, los regalos fueron siempre simbólicos, y debido a la ideología anarco-comunista de la familia, entregados el 31 de diciembre, y nunca el 24.
Prosigamos.
Desde el mes pasado que vengo pensando en la Navidad y la forma de celebrarla aquí en Eslovenia, que sin lugar a dudas tiene más sentido que en Argentina. Fíjense si no cómo las rutinas de fin de año tienen otro color de este lado del Ecuador, a la luz de lo siguiente:
- El Árbol de Navidad: en diciembre la mayoría de los árboles están descansando, por lo que sólo los de hoja perenne se mantienen verdes. Entre ellos, el típico arbolito tipo pino resalta por su magniificencia (que lleno de vergüenza admito que no conozco su nombre en castellano). En inglés es el spruce, y en Eslovenia es la novoletna jelka. En Argentina, en cambio, en diciembre todos los árboles están recontra verdes: tilos, palmeras y jacarandás por igual. ¿Qué lugar especial le queda al humilde pino, entre tanta exuberancia?
- Las luces titilantes: desde fines de octubre los días se acortan rápidamente. De hecho escribo esto a mediados de diciembre y ya atardece a las 16:30, cayendo la noche quince minutos más tarde. Finalmente, la Navidad se festeja en el período literalmente más oscuro del año, a unos días de la noche más larga. Entonces, el decorar con luces titilantes los árboles, balcones o edificios de la ciudad otorga un valor agregado muy simple de apreciar: se alegra un período del año de otra forma bastante deprimente. En el hemisferio sur, por otra parte, se prenden las lucecitas de igual forma, incluso cuando la noche cae a las 21:00, sino más tarde!
- La decoración navideña: tradicionalmente en rojo, no es por azar (o por Coca Cola). Este color es considerado el más vital y activo, así como también el emblemático de todo color, por ser -entre otras razones- el que genera más vibraciones al captarse por el ojo humano. Entonces, en un ambiente generalmente gris moribundo como es el Fin de Año en Europa, el rojo brinda una sensación muy agradable al ojo, la cabeza y el pecho.
- Las comidas abundantes y pesadas: ni que hace falta remarcar esto, ¿no?
Comer lechón, nueces, vino caliente, turrones, mesa dulce y tortas a granel… ¿con 35 grados a la sombra? Al menos aquí en Europa tenemos excusa!!!
La lista de dicotomías podría seguir agrandándose, pero se las dejo a ustedes, muchachos. Los motivos -a mi entender- de esta cuestión son evidentes: en América las costumbres actuales fueron importadas desde Europa y, a fuerza de desinformación y materialismo, siguen vigentes hasta el día de hoy.
(ALERTA ALERTA ALERTA EL POST SE PUSO SERIO ALERTA ALERTA ALERTA)
En muchos países del resto del continente americano (Perú, Brasil, Bolivia), las tradiciones de los pueblos originarios aún existen, en diversos grados de precariedad y urgencia. En Argentina, no. Nuestro país es el único de la región cuya población aborigen fue sistemáticamente exterminada (sí, ya sé que hay sobrevivientes, pero són sólo eso, sobrevivientes)… y eso se nota en la vida diaria.
Con Ksenija una vez tuvimos el privilegio de asistir a la ceremonia de “la recepción del Sol” o el Año Nuevo Kolla, un 21 de junio cerca de Animaná, en Salta, al noroeste de Argentina. También en invierno, aquella vez se celebraba el día más corto del año, ya que a partir de ese momento el Sol (Inti) estaría cada vez más cerca del mundo.
Si este tipo de ceremonias nos parecen foráneas, es porque los argentinos, en su inmensa mayoría, somos “descendientes de los barcos”, como se suele decir. Nuestros tatarabuelos hicieron lo mejor que pudieron, y se trajeron sus ritos, símbolos y tradiciones con ellos, para extrañar un poco menos el terruño. Entre estas tradiciones importadas estuvieron el Cristianismo y su fiesta magna, la Natividad. Ojo, los argentinos no somos los únicos, este fenómeno sucede en todo el resto de América y en Australia y en Nueva Zelanda también. La diferencia es, y lo repito, que en Argentina tuvimos la infame Campaña del Desierto, genocidio aborigen que nos quitó toda posibilidad de análisis, comprensión y provecho de estas culturas originales.
– Che, qué bajón el post, al final.
Quizás, pero también podemos tratar de ejercitar un poco del antiguo Espíritu Navideño (que no tiene nada de cristiano, ya que estamos), a saber: reflexión, celebración de la vida, ahuyentamiento de la muerte (simbolizado por el fiero invierno) y la esperanza del renacimiento en la nueva primavera.
¡Feliz Navidad! Jo jo jo joooooooooo!