Uno de “esos días”

Hoy fue “uno de esos días”.

Tensión en el trabajo (poco reconocimiento del esfuerzo realizado, que es algo que me saca); corridas, no salir a comer ni muchísimo menos, etc.

Luego, como todos los martes, fui a colaborar al Centro para los Sin Techo, donde -como no podría ser de otra manera- hubieron problemas. Dos personas se agarraron a las piñas (léase, se empezaron a pelear), y uno le voló un diente al otro. Diente que, incidentalmente, recogí del suelo yo. Como consecuencia de esto, hubo más tensión, policía, malestar, etc.

Lo que destaco y rescato como positivo de esta segunda parte del día, es lo siguiente. Éramos sólo 3 voluntarios en el Centro: la líder -Olga, 36 años, pocas pulgas y un corazón de oro-, un muchacho que venía por segunda vez al centro, y yo. Ante la urgencia de la situación, le dije a Olga que fuera a lidiar con los violentos (es buena para eso), y yo me encargué de la comida, la charla con la gente, etc.

Volví a casa medio temblequeante por la situación, pero así y todo, recordando aquella máxima que dice que Dios nunca nos envía nada con lo que no podamos lidiar.

… así y todo, ¡qué día, mamita!

Buenas noches!

Un ejemplo del poder del consumidor esloveno

Aquí en Eslovenia hay una revista muy leída que se llama V.I.P. Esta publicación se dedica a realizar tests de diferentes productos o servicios, en forma bastante imparcial (la revista está financiada por no sé qué comisión de defensa de los derechos del consumidor esloveno).

Hace un tiempo salió en la revista un test de diferentes marcas de arroz(*), y le dieron con un caño a una marca americana llamada “bali”, demostrando que el producto estaba genéticamente modificado, contenía no sé qué cantidad de químicos y tal. Al final de la nota, recomendaban NO COMPRAR el arroz en cuestión, por nada del mundo.

¿Resultado?

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Un paquete del mencionado producto, visto en un supermercado, con una etiqueta pegada encima que dice “100% calidad. 100% no genéticamente modificado. País de origen: NO es de EE.UU”.

La última oración no tiene precio. Yo me fijé y el paquete -en su envoltorio original- indica que el producto es de Estados Unidos, e incluso se vanagloria de esto (”proudly made in the USA” o algo así), y luego la etiquetita esa, pegoteada a las apuradas cual manotazo de ahogado, lo contradice absolutamente. Es como que te digan “no, no le creas al producto, ni a los tests, ni a los comunistas de VIP, este arroz es BUENÍSIMO”.

Terrible, ¿no?

(*): sí, esta gente hace tests de cualquier cosa, desde tipos de seguro de vida hasta cochecitos de bebé, pasando por cremas de afeitar, lavarropas y televisores de plasma.

Haciendo “krofi” para el carnaval

En Eslovenia, por alguna razón que se me escapa, para Carnaval (pust) es costumbre comer krofi, especie de factura frita similar a una “doughnut” (pero sin agujero), que en Argentina se conocen como “bolas de fraile”. Claro está, aquí se rellenan con mermelada o con nutella… nunca con dulce de leche. En fin.

El sábado pasado hicimos en Lokavec krofi caseros, y esto fue lo que resultó:

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Ya de entrada la masa puede ser un tanto pesadita…

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Dejar reposar…

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Y freír en aceite a 160 grados, claro está dejando la típica “banda clara” en el medio…

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Y ahora sí, a rellenar con -en fin- mermelada.

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Modelo terminado, luego de espolvorear con azúcar impalpable (azúcar glas, para los ibéricos).

Eso, ¡que salieron bárbaras! :-D

Hoy es carnaval

…así que no se olvide, señora o señor, de salir a la calle con su máscara puesta.

O mejor, póngase la máscara, pero no se olvide de quitársela mañana, y mirarse al espejo.

Suyo,

    La gerencia

El invierno que no fue

Ya estamos a fines de febrero, y se podría decir que casi no tuvimos invierno. Está bien, el año pasado tuvimos una tonelada de nieve el 6 de marzo, y quizás se repite este año, pero la verdad es que hemos pasado climas más agradables que en muchos otros lugares de Europa.

Lo que, claro está, no es algo para alegrarse. Leí por ahí que en Finlandia se despertaron los osos de la hibernación antes de tiempo, y en un ataque de hambre, mala onda y resaca, se morfaron un par de caballos o algo así. En otro orden de cosas, al parecer los pájaros no emigraron de Ljubljana, se quedaron aquí nomás… lo que es algo bastante espeluznante.

En fin, no es novedad que el clima se va al demonio. De hecho, si todo sigue como parece, no faltará mucho hasta que se inviertan los polos… ¡y ahí los quiero ver! :-O

¿Decíamos? Ah sí, por estas fechas la gente que vive en el campo sale de excursión a buscar “zvončki” (campanitas), unas florcitas blancas que parecen campánulas que miran para abajo… ¿las ubican? Bueno, en casa de Ksenija el fin de semana pasado las señoras de la casa fueron a buscar las florcitas (mientras yo leía mi nuevo libro, que merecerá otro post), y luego las plantamos (¡yo ayudé!) alrededor de la casa.

¡Me siento cada vez más pitufo granjero! :-D

Un abrazo y buenas noches.

UPDATE: he aquí una foto de las campanitas en cuestión.

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A todas luces no es un floripondio… ¿o sí?

¿Comics/historietas/tebeos en Eslovenia?

ATENSHON: este post está casi totalmente dedicado a mi amigo Gonzalo, que lee y escribe historietas desde sólo Allah sabe cuándo.

Me gusta dar vueltas por las librerías, es una costumbre que heredé de mis padres. Una de las cosas que siempre chusmeé fueron las historietas (tebeos para los iberos). El resultado no fue muy satisfactorio para mi antiguo espíritu lector-de-comics-de-superhéroes, pero en otros genéros, quedé bastante bien recompensado.

Si a uno le gusta Tin Tin (y esto ya es una cuestión de gustos), pues hay bastante para elegir:

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Además de estos volúmenes traducidos al esloveno, se pueden encontrar unos pocos “clásicos” del comic para adultos, como por ejemplo Maus, tanto en negocios como en bibliotecas. Por supuesto, Asterix es uno de esos inalterables que se pueden conseguir, tanto en esloveno como en inglés, en casi cualquier librería.

Si uno, en cambio, busca material en otros idiomas (inglés, francés, español o japonés) la cosa cambia, y la oferta puede ser sorprendentemente amplia, pero por un precio en general prohibitivo. Vi Sandman, Sin City, el Dark Night, cosas de Otomo que no conocía, y algunas otras cosas más que no recuerdo en este momento.

Pero no, ningún Misterix, Patoruzú, Isidoro Cañones, Kebra el Macarra del Espacio ni muchísimo menos esas auténticas obras maestras de la historieta argentina, ambas ilustradas por Solano López, El Eternauta y Ministerio. En Eslovenia, ¡no se consiguen!

Feliz día de mi abuela!

Hola!

Exactamente una semana después del cumpleaños de mi abuela Sara, hoy 14 de febrero cumpliría 81 años mi otra abuela, la inigualable e irrepetible Celina (”Celinita” para los que la querían o temían).

¿San Valentín? ¡No señor!

Si bien aquí en Eslovenia hay una antigua tradición sobre el santo de marras (”San Valentín tiene la llave de las raíces”, traducido literalmente), la verdad es que nunca celebré, en 14 de febrero, otra cosa que no fuera el cumple de mi abuela.

Así que eso, a todos les deseo un muy feliz cumpleaños de Celinita! :-D

Coca cola tamaño ¿gigante?

En mi vida en Argentina he visto “evolucionar” el tamaño de la Coca Cola, desde la vieja “familiar” de 1 litro a principios de los años 80 hasta la de 2 1/2 litros, pasando por la “personal” de 600 cc, la de litro y medio, la “chiquita” en botella de 250 cc, y la inolvidable “portamaceta” de 2 litros, también allá por el fin de los años 80 o principios de los 90.

En general, el tamaño siempre se agrandó. Aparentemente, aquí en Eslovenia todavía esa movida no ha llegado. Miren el testimonio de esta foto, si no me creen:

Tamaño de la botella de Coca Cola en Eslovenia
¡Mágico! 2 litros al precio de 1 y medio, dice el cartelín

En otras palabras, la botella de Coca Cola de 2 litros es una excepción, una novedad, un engendro puesto a prueba para estas Navidades pasadas. Considerando el alto consumo de vino casero, jugos ídem y la respuesta eslovena a la cocacola, la Cockta, me atrevería a decir que The Coca-Cola Company perdió plata en Eslovenia este fin de año pasado.

En una nota más personal, yo cuando era chico tomaba muy seguido Coca Cola. Al principio era sólo cuando mi abuela me llevaba a alguna confitería, y muy espaciadamente. Después (en los años 90s, me parece) en mi casa no era raro ya comprar de a 4 botellas de 2 litros de Coca Cola, que tomábamos entre mi madre, mi hermano y yo todos los días. Hoy, una punta de años más tarde, la cosa es distinta. Muuuuuuuy de vez en cuando me compro una botellita de Coca de medio litro para mi solito, casi casi como un ritual de des-purificación ante tanta verdura orgánica, tés de hierbas, comida bendita (prasadam) y demáses. Un poco de yang ante tanto yin, es ne’sario y sienta bien, caraxo!

Como debería decir el tango… “Coca que me hiciste mal, y por eso no te tomo más!” :mrgreen: Salud!

Andrej… ¿qué?

Visto en Ljubljana.

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Evidentemente el señor Andrej no tuvo suerte en el “escrábel”, y no le salió ninguna vocal al armarse el apellido. ¿Será un seudónimo?

Escuchando The Final Cut en un teleférico esloveno

Quizás no todos lo sepan. En una época fui fanático de Pink Floyd, si bien ahora ya no tanto: estoy felizmente divorciado del rock desde hace una buena cantidad de años.

Sin embargo, en octubre pasado tuve conciencia de uno de esos momentos mágicos que en realidad suceden todo el tiempo, pero que uno está demasiado apurado como para notarlos.

Estábamos de minivacaciones en Bohinj, como les conté en su momento, y nos decidimos a subir -en teleférico- al monte Vogelj. Caminamos por unas buenas dos horas hasta llegar al lugar de salida, y compramos los boletos con los minutos contados. Al abordar la cabinita, sucedió lo inesperado. En el sistema de audio del funicular sonaba, completo, The Final Cut, de Pink Floyd, uno de los álbumes más coherentes y cohesivos de la banda (si bien sin Richard Wright, pero esto es de fanáticos nomás).

No sé quién habrá sido el musicalizador, pero evidentemente sabía lo que hacía, considerando la vista…

pa280136.JPG una parquísima idea de la vista desde el funicular

Al bajar (del teleférico, malpensados!), y luego de pasear, sacar fotos y comer un “gulash” de animal muerto con polenta frita, el disco seguía sonando.

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