Con ustedes, un poco de narcisismo. Les voy a contar un típico día de semana, circa primera mitad del 2007.
Me levanto a las 6 de la mañana. Sí, de verdad.
O peor, incluso a las 5, depende de la situación. Para los que me conocen “de antes”, enterarse de esto debe ser un shock total, ¿no? Para los que no, mmmmm quizás también
Anyways, más allá de la hora, siempre me despierto unos minutos antes de que suene la alarma, gracias al reloj biológico que heredé de mi madre. Salto de la cama para no molestar a Ksenija (que igual se despiert), y salgo raudo para el baño.
Luego de una linda ducha (me gusta tomarme un tiempo bajo el agua), voy a la habitación de la música y medito por un tiempo, y luego practico los Cinco Ritos Tibetanos (si es martes, también me afeito y/o me corto las uñas). Luego voy a la cocina, y si hay platos sucios los lavo, o bien ordeno un poco, barro el piso, riego las plantas, etc. Además, mientras pongo a hervir el agua para el té, prendo un sahumerio (nag champa).
A las 6:40 se levanta Ksenija, quien en general ya está despierta desde hace un tiempo a causa de mi insufrible alarma despertador… y de mis actividades matinales (trato de hacer el menor ruido, pero Ksenija tiene el sueño muy liviano). En otras palabras, no siempre se levanta del más excelentísimo humor
En general viene a la cocina, me da un abrazo, y musita pseudo palabras que en realidad son una mezcla de maullidos, mugidos y balidos. Ella a su turno va para el baño, y luego, mientras hace los mismos Cinco Ritos Tibetanos y se viste (mi frase favorita: ¡no tengo nada que ponerme!), yo preparo el desayuno o chequeo la temperatura o el mail (o escribo algo al blog). A eso de las 7 desayunamos juntos, y a las 7:30 salimos para el trabajo.
A las 8 comienzo a trabajar, en -como algunos recuerdan- Ceneje.si, que viene a ser el portal de comparación de precios más importante de Eslovenia. A eso de las 4 de la tarde voy cerrando el boliche (termino de trabajar, bah). En el medio corto para comer algo, que puede o bien ser el menú vegetariano en Žabec, o un sánguche de falafel en lo de mi amigo Rami, o alguna combinación sobre el pucho, como un paquete de 100 gramos de almendras, unas galletitas Grancereale y/o algún yogur de esos potentes que se encuentran por acá. Muchas veces, hay que decirlo, no como nada y sobrevivo a mate y dulces (por alguna razón que desconozco, mis compañeros de trabajo suelen traer cosas ricas bastante seguido).
Luego del trabajo, si es lunes en general vuelvo a casa directamente, donde leo, escribo al blog, practico tabla, y/o charlamos con Ksenija sobre los proyectos en danza. Si es martes, me quedo un ratito más en la oficina, y las 17:45 llego al Hogar para los Sin Techo, donde sirvo comida, lavo platos, etcétera, hasta las 19. Si es miércoles, en cambio, a las 17:30 le doy clase a Emilija, mi alumna de tabla. Los jueves son los días comodín, por lo que solemos vernos con amigos, salir a comer algo, o ir al cine… en resumen, un día sin mayores complicaciones.
Los viernes, si me quedo en Ljubljana, hay sesión de bhajans (cantos devocionales hindúes) desde las 18 hasta las 22, en la casa de Emilija. Estas sesiones constituyen una de mis mayores cargas de pilas para toda la semana. La gente con la que me junto (¿o debería decir gentuza?) son capaces de sentarse en el suelo por 4 horas y cantar SIN CESAR, sin parar para comer, beber o ir al baño. Demás está decir, la primera vez que participé, tuve que parar el ensayo y decirles claramente que “bueno, todo muy lindo, pero yo gratis no toco… ¡dénme algo para comer ya, por Diossss!”. Impresentable, el sucio inmigrante, ¿no?
Así y todo, muchas viernes nos vamos Lokavec (la casa de la familia de Ksenija), y a las 16:15 sale el ómnibus, con el que llegamos dos horas más tarde a Ajdovščina, donde siempre nos espera mi suegra con el auto, para llevarnos a casa (Lokavec queda o bien a 45 minutos a pie desde Ajdovščina, o a 5 en auto). Una vez en allí, nos reciben ya en el fuego unas ollas llenas de sustanciosa mineštra de papas y hongos, o de repollo, o de cebada… o de lo que venga.
Los fines de semana en Lokavec suelen ser muy relajados, que también cargan las pilas al 100%. Leo, escribo, medito, salgo de paseo, charlo con mi suegra o con mi cuñada, juego con Besi (un ser humano atrapado en cuerpo de cachorra maltesa), cocinamos pan, galletitas, risotto, etc. Además, si las estrellas son favorables, incluso ayudo en el jardín… he ayudado a plantar flores, a clavar postes, a barrer hojarasca y algunas cosas más (pero en realidad, lo que más hago es sacar fotos, je!).
Los domingos, finalmente, nos volvemos a Ljubljana en el ómnibus que pasa por Ajdovščina a las 20:25, si es que no conseguimos alguna forma mejor de viajar. A veces nuestro amigo Héctor nos lleva, o alguna otra persona, pero en general llegamos a las 22:00 a Ljubljana, bastante cansados, y no hacemos más que cambiarnos, lavarnos los dientes, e ir al glorioso sobre… que es, incidentalmente, lo que voy a hacer ahora… ¡que mañana arranco a las 5!