Cosas que pasan.
Me di cuenta que no había escrito una reseña más o menos exhaustiva de cómo fue el casamiento, a pesar de que ya estamos a más de dos meses del evento, y planeando la segunda fiesta, esta vez en Argentina.
Aquí va entonces, reelaborado de un mail privado que le mandé a mi familia y amigos:
Ansina é nomá. Después de casi 5 años, el sábado 19 de mayo finalmente Ksenija aceptó a mis veladas insinuaciones y me dio el sí. O a decir verdad, el ja.
Aquel sábado empezó temprano, en Lokavec, decorando la casa con moños y globos, preparando la picada (jamón crudo, pepinillos, queso, cebollitas… nada raro), las ensaladas (arroz con mayonesa, de fideos, etc) y distribuyendo las masas y masitas que habían sido preparadas desde hacía unos días ya.
A las 14 empezó a llegar la gente, para “la previa”: nos juntaríamos todos los de la zona, para decir hola y empezar a comer algo. Ksenija y yo aparecimos (ya vestidos, claro) a eso de las 14:15, y más de uno nos preguntó por “el significado” de nuestro atuendo
A eso de las 14:45 empezó la bajada a Ajdovscina, donde nos esperaría el ómnibus alquilado para la ocasión. En otras palabras, toda la MONTAÑA de comida que se sirvió (y el café, el vino, y el jugo) fue sólo para esos 45 minutos. Sobró bocha de comida =)
El viaje hacia la cascada transcurrió sin incidentes, y duró unas buenas 3 horas. En el medio del viaje, eso sí, paramos para distribuir entre los pasajeros vino y jugo (no, el conductor no tomó vino). Ah, casi me olvidaba: también unos amigos colgaron de un puente en la ruta un cartel que decía “CARLITOS Y KSENIJA, LOS QUEREMOS!”, del que oportunamente nos avisaron y el que pudimos fotografiar.
Ahora sí, en la cascada, tipo 6 de la tarde, ya nos esperaba todo el mundo: los invitados que fueron por su cuenta, los jueces de paz, el DJ (quien además se encargó de la filmación de la ceremonia), y la comunidad a pleno de Sopota, el pueblito lindante con la cascada. Nuestra boda fue, para dicho pueblo, un no menor evento, ya que en ese lugar sólo se habían casado, con anterioridad, dos parejas, y siempre de la zona… así que imagínense: una novia de la otra punta del país, y un novio de la otra punta del planeta
Todo el camino hacia la cascada lo decoradon con margaritas, la flor “oficial” de nuestra boda (porque los colores fueron el blanco y el dorado), y con cintas y moños blancos. Al fondo, en un claro del bosquecito, nos esperaban los jueces de paz, incluyendo los parlantes y los micrófonos inalámbricos (o sea, tampoco fue tan agreste la cosa), ya que el ruido de la cascada taparía cualquier discurso.
Y ya que hablamos de discursos… ¡qué lindas palabras que dijeron los oficiales de protocolo! De verdad, el discurso fue muy bonito, recalcando el valor tan especial de este bosque centenario y la cascada que lo dominaba todo. Poco más tarde nos hicieron al pregunta de rigor, e intercambiamos los anillos (que descansaban en un soporte especial hecho por Ksenija), y nos dimos un beso y un abrazo. Inmediatamente me pasaron el micrófono, y ahí fue cuando solicitamos a los presentes que hiciéramos unos momentos de silencio, para escuchar los sonidos a nuestro alrededor, y aprovecharlos para todos juntos desear(nos) lo que cada uno quisiera. Luego nos dirían que esta parte de la ceremonia sería la más conmovedora… y tanto mejor, cuando la decisión la tomamos con Ksenija tan sólo unos minutos antes de llegar al lugar!
Anyway, luego de esto comenzaron la rondas de felicitaciones (estrecho de manos, abrazos, besos), luego las fotos “oficiales” y, luego, finalmente, salimos hacia afuera, donde nos arrojaron margaritas a raudales!
Afuera, decía, nos esperaba la ronda de “aperitivos” coordinada por la posada KUM, que consistieron en champán (demisec, para los curiosos), jugos, y unos especiales pastelitos de nuez típicos para las bodas de la zona. Sacaron algunas fotos más, y luego nos fuimos en el mismo autobús para la posada, donde empezó la cena.
El salón nos esperaba todo decorado con los adornos que (nuevamente) Ksenija había preparado hace tiempo ya, y con Kristi Stassinopoulou sonando de fondo (una de mis artistas europeas favoritas, búsquenla en Google!) La cena -abundantísima, claro- fue arribando en tandas. Primero llegó la sopa, tanto de callllne como de hongos, ya que la opción vegetariana estuvo siempre presente en el menú. Luego vino el plato principal, oséase varias bandejas calientes por mesa, que tenían o bien “seis tipos de carne” o una selección de verduras asadas, cocidas, y fritas, sin olvidar el tofu y el queso. Una vez terminado esto, nos hicieron ir a bailar el primer baile, que fue al son tropical de “Rainy Night in Soho”, de The Pogues. Casi no nos equivocamos en la coreografía!
Luego la gente se fue plegando al baile, y mientras tanto los mozos seguían trayendo comida. Según la política del local, en una boda “siempre tiene que haber comida en la mesa”, y vaya si la respetaron! Además de lo que les conté, todas las mesas estuvieron sembradas de frutas frescas y secas, dulces de todo tipo, masitas, y la infaltable potica eslovena. Más tarde llegaron los gulabi jamun y las rasagullas que habíamos preparado unos días antes con Rasikananda, y en algún momento indeterminado de la noche, llegó el segundo plato, que fueron -nuevamente- fuentes de fiambres, quesos y similares. Como siempre, las cositas vegetarianas fueron siempre las más populares… al menos en nuestro lado de la mesa.
A la medianoche llegó la torta (un piso de crema y frutillas, y otro de chocolate), que cortamos a pedido del público. Al parecer querían que cada uno de nosotros le diera de comer la primera porción al otro, pero no nos pareció lindo, así que cortamos, sacaron fotos, no supimos qué hacer más, y dejamos a los mozos que hicieran lo suyo
Hubo más baile, al son del increíble DJ Kolibri (sí muchachos, ¡colibrí!). Le puso toda la onda que pudo, pero así y todo logró mechar cosas como Julio Iglesias, Alejandro Sanz, Rafaella Carrá (Fiesta, qué fantásticafantásticastafiésta) y Dean Martin (That’s Amore). Los eslovenos, encantados. Los argentinos, contentos, pero un poco extrañados ante la selección musical… pero bueno, tampoco jugábamos de local, che…
A las 3 de la matina se volvió el autobús, que primero depositó a mis padres en nuestro departamento en Ljubljana, y luego siguió rumbo a Ajdovščina, donde dejó a todos los invitados, felices por volver sanos y salvos a casa y sin necesidad de cuidarse con la bebida
Ksenija y yo pasamos la noche en la posada (dormimos), y al día siguiente nos fuimos en tren para Ljubljana, donde nos reunimos con nuestra familia.
En resumen, muchachos, todo fantástico… muy rico todo, un amor tu marido, muy linda la casa.
Eso, que de última quede para que Google lo indexe =)
PD: perdonen por la truchísima referencia a la novela de García Márquez. No se me ocurrió nada mejor.