No, no me refiero al espíritu-de-abrir-regalos que Hollywood nos quiere vender en sus mil y una producciones navideñas, sino al verdadero espíritu de la Navidad, que no es otra que el recuerdo de la Aparición de la figura más importante de la Cristiandad.
Algo de eso debe haber, porque de no ser así, no encuentro cómo explicar la conducta de mi esposa, mi cuñada y mi suegra: definitivamente esperan ansiosamente la Navidad, ocupándose tanto del arbolito como del pesebre, de las tarjetas navideñas y de la música (y esto es lo que me resulta más incomprensible, que a mi familia eslovena le encanten los villancicos)
Con las películas es lo mismo, pero a menor escala. Ahora bien, como en estas épocas la TV aparenta transmitir sólo películas navideñas, tuve la oportunidad de elaborar una teoría al respecto, que seguramente sorprenderá por lo sencilla y pueril.
Aquí uno puede relacionarse directamente con la Navidad y sus actividades. Por ejemplo, uno ve a Papá Noel, e instintivamente siente el frío, y se abriga. O los paisajes navideños, que en Buenos Aires resultan tan ajenos, aquí en Eslovenia son los paisajes que uno ve constantemente. O cuando los protagonistas de cualquiera de estas películas caminan por las calles iluminadas por las lucecitas de colores, uno no tiene más que mirar su propia ventana para identificarse.
Entonces, todos estos guiños que la maquinaria de Hollywood emplea para “llegar” al espectador, en los países donde la Navidad cae en verano, simplemente pasan de largo.
Pero aquí, en Eslovenia, con una noche que cae a las 16:00, con temperaturas bajo cero, con nieve, hielo y viento helado y con árboles mayormente durmientes (excepto los perennes, como -oh sorpresa- los pinos y abetos), entonces aquí todos los símbolos navideños cobran un carácter muy vivo que deja inmediatamente de ser trivial o infantil.
En resumen, queridos lectores, la Navidad es un fenómeno absolutamente invernal.
¿Me quieren decir qué están haciendo, los que están al sur del Ecuador, festejando la Navidad con pinos adornados con luces, cuando toda la vegetación es exhuberante, y la tarde cae a las 21:00?
En fin, no es nuevo esto que digo, pero no quita que me siga dando que pensar.
PD: feliz año nuevo, no!
Entradas relacionadas:
{ 9 comentarios… leelos aquí abajo o dejá el tuyo }
Notable.
Me dio muchas ganas de vivirlo como contás. Yo vivo en Buenos Aires desde que nací.
En mi familia, que es muy tradicional, antes íbamos a misa, y después a festejar en un ambiente que, aunque no haya lo que decís de la ventana, yo lo lograba ver así, por los colores propios de la Navidad, los fuegos artificiales y lo extraordinario de la cuestión. Más tarde es evidente que no lo es. Siento en este país la intensa falta de una festividad así… nada que llene del todo, nada que entusiasme de verdad, todas las fiestas son tomadas con cierto escepticismo y ajenidad. ¿25 de mayo, 9 de julio? Parecen las fiestas de un país extranjero. ¿Navidad? Es como vos decís, se nota que es una tradición pensada para otro lado.
Estaría bueno pasarlo allá.
¡Ay, cómo envidio a los del hemisferio correcto! En todo el país y me atrevería a decir que en Sudamérica, tuvimos un fin de año bochornoso, con casi 39°C de sensación térmica, sin una mínima brisita, con sol a pleno y anochecer a eso de las 21h: ¡UN HORNO!!!!!!!
Ya hace unos años que hemos dejado las frutas secas y comidas calientes para estas fechas, pero igual es infaltable el pan dulce, la sidra o el champán, la cerveza bien fría.
Entonces, cuando pueda sentarme a la PC sin sudarme todo, reinicio mis comentarios en el blog….
En nuestro caso la cena del 31 (después de rezar el rosario en procesión por los diversos espacios de la casa con el incienso y el agua bendita -por lo de “primero la mística, después la mástica”-) es un buffet froid. Lo hemos iniciado a las 22.30 cuando ya no hubo más rastros de luz solar (la madrugada del sábado 29 al domingo 30 se adelantó la hora oficial, buscando el ahorro de energía, cosa que en el oeste va a ser insomnio).
por que tiene que ser todo todo tan extremo para estas fechas? En Lérida no pasamos los 0 grados. Por ello y sobre todo porque la pequeña tenía unas décimas de fiebre no nos hemos movido de casa hasta hoy, que es por el trabajo, que si no… La cosa estuvo tan chunga que terminamos las últimas horas del 2007 en la cama, con la bolsa de agua caliente y mirando Dr. Shivago en catalán. Un saludo muy afectuoso para todos los asiduos al carlitosblog y como dicen los alemanes que el 2008 empiece con un buen resbalón.
Nattelsker: gracias por el comentario!
Diego: el Doctor Zhivago en catalán?
Feliz año Carlitos!
Yo lo pasé en Praga, divino, y sí, concuerdo con vos en que las fiestas por acá son más reales, pero en este momento nada me gustaría más que estar en la casa de mamucha, pasando la tarde en la pileta, comiendo asado con la mayonesa de la abuela, la ensalada de fruta como postre y tomando sidra Real!
Saludos y tanti auguri!
Lo que cuenta AnaLía era el modelo absoluto de las fiestas de fin de año en la Argentina, que en algunos hogares todavía se conserva. Me iamgino que a la distancia la nostalgia es la que manda. Si supieran lo que fue soportar los 40° C y más de sensación térmica!!!
Si, es cierto que la Navidad Blanca es de caracter obviamente invernal (con solo ver los pobres desgraciados disfrazados de Papa Noel en verano alcanza para darse cuenta), y que cobra bastante mas sentido del lado correcto del Ecuador. Pero te dire que en el pais de Holliwood, de espiritual no tiene mucho; es mas bien una exaltacion del consumismo y la ostentacion, incluyendo la mania de decorar el exterior de la casa con lucecitas (incluyendo ristras de foquitos de colores de los grandes!) y munhecos de nieve falsos, y regalos, y trencitos con papa noeles, y ciervitos mecanicos que suben y bajan la cabeza, y cualquier otra cosa si el vecino ya puso en su jardin todo lo antes mencionado.
Pero despues de ya haber pasado navidades aqui y en Europa, la verdad es que me quedo con nuestra Navidad veraniega, en especial la de mas al sur, donde en vez de un calor bochornoso hace un fresquito suave, como para ponerse un saquito y quedarse mirando las estrellas en el patio, o bajar caminando a pasear por el lago si toca luna mas o menos llena, para bajar el asado o vitel tone, o lo que haya tocado en suerte, ya que me parece que no hay una comida tradicional fija para esa ocasion.
Pero se me ocurre que una hipotetica Navidad de invierno en un lugar como Bariloche (o en Eslovenia, para el caso, tampoco debe estar nada mal).
Hola Carlitos, hola amigos de Carlitos Este es mi segundo año viviendo en Buenos Aires. Bien sea por la influencia gringa o por ciertas costumbres arraigadas desde la colonia, en Venezuela las navidades se festejan desde el mes de noviembre. Adornos, fiestas, reuniones con amigos, ponches, platos típicos como la hallaca, el pan de jamón, la ensalada de gallina o el pan dulce son comunes en los hogares más ricachones y en los menos también… Pasa también que por encontrarnos en el norte de suramérica, es la única época del año en que en la capital por fin se siente algo de frío, al que solemos llamar “pacheco”, en honor a un señor que así se apellidaba y que, comenzando diciembre, cuando bajaba la temperatura, bajaba del cerro Ávila, con sus burros a full de flores para venderlas en la ciudad. En fin, que me he encontrado con que acá en Baires el asunto es muy distinto, es como si no fuese navidad, con excepción de la nochebuena y el año nuevo con sus ricos asados. De hecho, el año pasado armpe mi arbolito el 8 de dic. A mí me parece un arbolito mediano, más bien pequeño si lo comparo con el que tenía en Venezuela, y todos mis amigos de acá me han dicho que es muy grande y que no es común verlos así por acá. El otro día un amigo porteño me dijo que antes de 2001 sí era más animado el mes de diciembre, pero que a partir de ahi esto mermó. ¿Alguien puede decirme si está de acuerdo con esa teoría? O, ¿creen que siempre fue así? ¿Tendrá, como asoman en sus textos, que ver con el calor del verano? Abrazo y Felices Fiestas para todos N: Al final, por lo menos para mí, de lo que se tratan estas fiestas es de la familia y los amigos, de los reencuentros y de los recuerdos de infancia. No importa si se es ateo, agnóstico, creyente. No importan el calor, la playa, la montaña, el desierto o la nieve.