Argentina dividida por el “conflicto con el campo”
Estuve informándome sobre el llamado “conflicto con el campo” que ocurre actualmente en Argentina. Luego de hablar varias veces con mi familia en Buenos Aires, traté de explicarle a Ksenija, en pocas palabras, de lo que se trataba. Ella opinó lacónanicamente, “Qué triste”.
Y sí, es muy triste lo que pasa.
Exactamente igual a como pasó en la guerra que acabó con Yugoslavia, la Argentina está hoy dividida amargamente a causa de este conflicto, pero no a través de las líneas divisorias de siempre: no se trata ya de la clase social o de ideología. Gente de todas las extracciones apoya o bien al “campo” o bien al gobierno. Esta crisis ha unido tanto a obreros con la oligarquía más rancia, como separado a vecinos y familiares.
Claro que es triste la cosa.
En mi opinión, que pido la tomen como de quién viene (argentino que no vive en Argentina desde hace unos 3 años y medio), el problema no es ni nuevo ni coyuntural, sino más bien todo lo contrario. Consideren conmigo los tres párrafos siguientes.
Primero tenemos a los “dueños de la Argentina”, quienes no barruntan (ni lo harán jamás) el vender sus productos a menor precio para el mercado interno. Si gano un dólar estadounidense por cada kilo que exporto, el vender ese mismo kilo pero en Argentina, por un peso argentino, me hace perder plata. Ergo, los productos con mayor producción nacional (carne, soja, aceites, leche) terminan siendo los más caros para los Argentinos, porque deben pagarlos a precio de exportación. Eso fue lo que pasó exactamente luego de la devaluación explosiva del verano del 2001-2. Desde hace más de 200 años (cuando echaron a los indios), a los dueños de la Argentina no les importa en lo más mínimo quién esté en el gobierno, siempre y cuando no los toquen. Por consiguiente, cuando algún gobierno quiere aplicar una ley de retención proporcional a sus ganancias, responden con extorsión, y tranquilamente dejan que Buenos Aires se vaya desabasteciendo lentamente de sus productos. Si lo vienen haciendo durante años, ¿por qué cambiar ahora?
Segundo, tenemos a aquellas personas que cuando van al supermercado y no consiguen la carne para el asadito del domingo, inmediatamente salen a cacerolear por el que parece ser un derecho inalienable del argentino. Si siempre tuve la colita de cuadril para poner en la parrilla, ¿cómo no me la voy a comer este domingo también?
Tercero. El Vicepresidente de la República, el señor Cobos, llegó a su cargo de la mano de la familia Kirchner. Creo que poquísima gente lo conocía antes de ser el Sancho Panza de la fórmula que incluía a la esposa del por ese entonces Presidente. Más aún, la victoria de Cristina estuvo cantada casi desde el principio de la campaña. Hace unos días, cuando Cobos desempató la votación en el Senado, votando en contra del propio Gobierno del cual es parte, automáticamente adquirió una popularidad impensable hasta entonces. Cobos se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en, para algunos, el “enemigo número uno”, y para otros, en alguna clase de “nuevo líder”.
¿Notan un patrón en el accionar de estos tres grupos? Yo sí.
Todos actúan a partir de su individualismo, de su egoísmo, de su “sálvense-quién-pueda”, de su codicia. Ni los “dueños de la Argentina”, ni los caceroleros fashion, ni el Vicepresidente piensa más allá de su quintita. Es fácil, entonces, darse cuenta que los que terminan ganando son aquellos que tienen la quinta más grande, ¿no?
Ser argentino… ¡Qué tema es, queridos lectores! Somos amigables, hospitalarios, graciosos, ingeniosos, tenemos las mujeres más lindas del mundo, inventamos el dulce de leche, la birome… pero nos cuesta horrores sacarnos de encima ese veneno que todo lo sabotea, destruye, viola, profana: la “viveza criolla” que de vida no tiene nada, más bien todo lo contrario. Nos sigue acuchillando de a poco, y nadie quiere hacer nada al respecto… De última, si todo el mundo lo hace, ¿por qué yo no? Si mi vecino roba, ¿por qué yo no?
Hasta aquí, mi análisis. Seguramente más de uno pensará en que “me tengo que callar porque me fui del país” o similar, pero realmente me tiene sin cuidado. Como dije al principio, la situación actual no tiene nada de nuevo. La viví yo toda mi vida, y la vivieron mis padres y abuelos. Da bronca y duele como nunca, pero esto no es nada nuevo. Basta leer un poco sobre nuestra historia reciente (recomiendo los libros de Felipe Pigna), y vemos que nada es casualidad, nada es “mala (o buena) suerte”.
Todo es consecuencia de actos anteriores. Karma, que le dicen. O acción y reacción, en términos más occidentales. Y mientras sigamos pensando en “salvarnos” cueste lo que cueste, pues bueno, que ya ha costado muchísimo, y va a seguir costando, y cada vez más.
Quiera Dios que la cosa mejore y los argentinos puedan vivir un poco más en paz, y no tan cochinamente divididos por el egoísmo rampante que nos llevó a donde estamos.
Escrito el 20 de Julio de 2008 y archivado en Reflexiones, opiniones e introspecciones.
Etiquetas: Argentina • Política argentina.
Dos años atrás escribía La 14ta tradicional ruleta vacuna.



