Regla eslovena no escrita #99: hasta mañana chicos, son las 7 de la tarde!

Esta es una de las “reglas no escritas” que, por lo sorprendente, parece difícil de creer para los que venimos de un país como Argentina (o España o Italia, vamos, que no somos tan originales en el Cono Sur, tampoco…)

Todos los días, en el canal 1 de la televisión estatal -esa televisión sin publicidad que todos los contribuyentes mantenemos con el impuesto obligatorio de € 11 por mes- arrancan a las 18:40 los dibujos animados. Durante los siguientes 15 minutos, se dan episodios de unos pingüinos en 3D, o de Pocoyo (aquí se llama Pokec), o de otras cosas similares. Los niños, encantados.

-¿Y qué es lo tan loco de todo esto? -oigo preguntar.

Que cuando terminan los dibujitos, llega el turno del típico mensaje de “Hasta mañana chicos”, donde un personaje animado se lava los dientes, se pone el piyama y se va a dormir… mientras el reloj da las 7 campanadas.

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Regla eslovena no escrita #37: ¿trabajás o estudiás?

En este país bendito, el esquema general de vida es así:

  1. Hacés la escuela primaria.
  2. Elegís con tus padres la escuela secundaria, ya sea con orientación a oficios (para ser policía, mozo, plomero, florista…) o la preparatoria para la universidad (la gimnazija).
  3. Hacés la facultad. En la mayoría de las ocasiones te mudás a Ljubljana o a Maribor, dependiendo de dónde te toque cursar, y vivís durante la semana en las residencias para estudiantes. Para pagar las cuentas y no depender tanto de tus padres, tomarás algún “trabajo de estudiante” por unas horas a la semana, quizás en lo tuyo, quizás no. La mayor parte de tu alimentación pasará por los “cupones de estudiante”, que se compran a precio reducido en las oficinas del Servicio a Estudiantes, y que se cambiarán por menúes más o menos completos en restoranes de todo tipo y calaña. Claro está, siempre presentando tu credencial de estudiante regular.
  4. Una vez recibid@ (edad promedio 24 años), o bien empezás a buscar tu primer trabajo “serio”, o seguís el rumbo académico y te ponés a correr detrás de un máster un doctorado.

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Regla eslovena no escrita #33: el aceite de semillas de calabaza

A la hora de comer, ningún “típico almuerzo esloveno” está completo sin un plato de ensalada, de composición y tamaño muy variados según la estación y el nivel verdurofílico de los comensales.

Ahora bien, si de aliños se trata, lo que nunca puede faltar en una mesa eslovena es el aceite de semillas de calabaza.

Este aceite, que aparentemente es una delicadeza originaria sólo de estos pagos, presenta un enigmático color rojo-verdoso. Esto ya de por sí es algo único, ya que el rojo y el verde son colores complementarios (se ubican en vértices opuestos del triángulo doble usado en la Teoría del Color). El color verde es un color secundario que está formado por el azul y el amarillo, lo que significa que no tiene nada de rojo en su interior. Así y todo, en el aceite de semillas de calabaza, esta aparente contradicción cromática es apreciable a simple vista, y con resultados muy bonitos, si se me permite :-)

Además, el sabor de este aceite es único: resulta al paladar como almendrado, terroso, pero no amargo. En resumen, no tiene nada en común con los aceites más frecuentes, como ser los de oliva, maíz, girasol, soja, sésamo, maní o uva (esos son los que probé, y los que creo que podría identificar sin grandes problemas).

Volviendo al tema que nos ocupa, la “regla eslovena no escrita 33″ es que las ensaladas se acompañan con este tipo de aceite, y punto. En todos los restaurants y bares a los que fui encontré sobre las mesas este tipo de aceite, además de la sal, la pimienta y el vinagre. Ni girasol, ni maíz, ni oliva, ni .

Claro está, es posible encontrar una honorable excepción a esta regla en la región del Litoral esloveno, donde el aceite de oliva está más presente, pero bueno, me fui por las ramas.

Les debo la foto del aceite y su color rojoverdoso!!! :-) El que tenga foto mande y la ponemos acá, eh! :-)