Mi amigo de la infancia Eduardo, quien actualmente persigue su doctorado en los Estados Unidos, cumple hoy 30 años… ¡nos conocimos hace 18!
Con él descubrí a Tolkien, desperté mi temprana afición a los idiomas, escuché por primera vez a Pink Floyd, me fanaticé por Queen, y a través de él conocí un grupo de gente que resultó ser tan enferma como yo por los juegos de rol. Estos chicos, todos de más de 30 años hoy en día, fueron mi grupo de pertenencia durante toda mi adolescencia, y más también.
Hoy, el más joven miembro de El Kobold Tuerto (cuyo sitio oficial se encuentra en construcción desde más de 10 años) cumple treinta años.
¡Estamos viejos, loco!
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Sniff, sniff, lagrimones de emocion. Debo admitir que este cumpleaños me agarró casi diría de sorpresa, desprevenido, y es casi desafortunado que justo resulte uno cuya numerología resulta clásicamente significativa. Después pensé que la relevancia es un mero artefacto de nuestro sistema numérico, y que si por ejemplo contáramos en binario, el cumpleaños importante vendría a ser el 32. Así que con esa excusa le resto importancia a ese 3-0 que todo el mundo murmura con sorpresa (los más viejos con la carita de “ya pasé por esto” y los más jovenes con cara de “que viejo!” como si nunca les fuera a pasar).
Pero a la nostalgia no hay quien le escape, sobre todo quienes andamos orbitando con pequeños núcleos personales algo alejados de la constelación central de nuestros seres queridos. Pero como todo en la vida, es cuestion de tomarselo con soda (y limon, hielo y ron, por supuesto).
Y sí, los miembros del Kobold Tuerto, nada nuevitos, se ve que ya no se cuecen de un hervor; pero es de esperar de un conjunto de personas que supo jugar D&D crudo – algo que nos enlaza a una generación de geeks panzones y ya medio peladitos
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, Edu! A mí también me trae hermosos recuerdos de noches en blanco en mi casa, jugando y comiendo, asaltando la fuente de chocolate Águila, mientras jugaban los juegos de rol. Y la verdad que no molestaron nunca, porque nunca dejé de dormir porque la pandilla se instalaba en casa. Fueron hermosos momentos, y nada impide que puedan repetirse, eh… bueno, salvo que ahora son ciudadanos del mundo y pocas veces se concentran todos en Baires…. Pero tampoco tendría que ser en Baires, ¿no? Que disfrutes mucho la treintena, besos, B