Nueva vida en Liubliana

6 Abril 2009

Publicado en Reflexiones

Luego de cinco semanas de vida en Buenos Aires, que significaron mucho para mí, para mis amigos y para mi familia, estoy de vuelta en Liubliana, mi ciudad adoptiva, mas esta vez con un proyecto de vida diferente por delante.

Verán, el 28 de febrero pasado dejé de trabajar en Ceneje.si, la empresa que me dio de comer durante cuatro años, por mi propia decisión. Ese viernes saludé a todos mis compañeros de trabajo, y dos días más tarde estaba zumbando rumbo a Buenos Aires.

Los motivos por los cuales dejé este trabajo fueron -y son- claros y decisivos. No hubo ni peleas ni conflictos, gracias a Dios, sino que simplemente me cansé demasiado del “gremio”, y decidí terminar la relación. Anuncié mi partida allá por junio del 2008, como ocho meses antes, y mi salida y la entrada de mi reemplazante ocurrieron entonces con una razonable tranquilidad. En otras palabras, dejé la empresa por la puerta grande, lo cual es necesario en un gremio pequeño, y obligatorio en un país tan diminuto. Igual no les voy a mentir,  sólo en un caso de mi historia laboral dejé un trabajo en malos términos, por lo que tampoco me fue tan difícil acabar la relación de buena manera :-)

Ahora se alinean en mi futuro varios proyectos, chicos y grandes, y con diferentes posibilidades de ingreso, en cuanto a cantidad y a periodicidad.

Pero les voy a contar algo. Hoy lunes, mi primer día como cuentapropista en Eslovenia, y a pesar del jet lag galopante, trabajé en la organización de mis papeles, fui a visitar a la gente del Instituto Cervantes, hice llamadas importantes, paseé por la ciudad asoleada, y me cociné alguna cosa rica. Disfruté mucho y con ganas. Me sentí muy bien, como que estoy realmente en el buen camino, en el camino que yo elegí.

Y cuando subía las escaleras de casa, también me dije “pero claro, cuando lleguen las facturas, el alquiler y todo lo demás, ahí vas a sentir el precio de sentirte tan bien”. E inmediatamente me contesté “¿pero qué cosa no tiene un precio por pagar? ¿O acaso mi trabajo anterior, que pagaba bien en tiempo y forma, no me estaba afectando ya, y demasiado? Ese era el precio que pagaba por tener un ingreso regular, y ahora el precio será otro, y a otra cosa mariposa.”

A eso de las cinco de la tarde llegó Ksenija a casa, cocinamos algo más, y luego fuimos a dar una linda vueltecida por Golovec, el pedazo de bosque que crece a cinco minutos de nuestro departamento. Y esa caminata, y todo el día que la antecedió hizo todo valer la pena.

¡Qué lindo día! Espero que haya sido lindo para ustedes también, lectores. Buenas noches!

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