El maravilloso mundo de los impuestos

26 Marzo 2006

Publicado en General

Como en muchos países, a los contribuyentes impositivos (léase, a toda la gilada) les llega por correo, a principios de marzo, los divertidísimos formularios de declaración impuestos. Mediante ellos, uno debe apuntar detalladamente sus ingresos y egresos durante el año que pasó, con objeto de constatar el saldo impositivo ante el Gobierno. De uno haber pagado más impuestos de los necesarios, se le depositará en su cuenta la compensación.

(sí, ya desde el vamos suena raro, pero sigan leyendo).

Como buen contribuyente que soy, 100% insertado en la burocracia eslovena, a mí también me llegaron estos formularios. Y así fue que me dispuse a la tarea. Resulta que, si bien el sistema quita una GRANDÍSIMA tajada de lo que uno gana, hay maneras de hacer que el gobierno le devuelva algo de plata a uno. ¿Cómo? Simple. En estos formularios uno debe declarar todo lo que se gastó en ciertos rubros preferenciales subvencionados por el Gobierno, y al fin del proceso se termina pagando menos impuestos.

¿Quienes saber cuáles son estos rubros?

Seguros de vida, medicina adicional, medicamentos, material de estudio, educación (cursos, talleres, etc), libros, contenido audiovisual y equipamiento para conexión a Internet.

Ahora relean los últimos tres ítem. Libros (cualquier libro!), contenido audiovisual (música y películas!!!) y equipamiento para conexión a Internet (modems, routers, placas de red…).

En Argentina, claro está, nada de esto existe… o al menos no cuando uno está empleado en relación de dependencia, como es mi caso. Entonces se entiende que yo no haya guardado mis facturas durante el año pasado, o al menos no las de, por ejemplo, DVDs, discos o partes de PC. Teniendo en cuenta que el año que que pasó fue cuando armé mis dos máquinas, compré algunos CDs y DVDs, podría haber hecho una diferencia. Pero como dijo Jamie Ross, nobody told me nada!

Pero no todo es un cuento de hadas, claro está. La otra cara de la moneda de los impuestos se vivencia, por ejemplo, en los concursos. Si uno se anota en un concurso para ganarse un auto y tiene la suerte de salir elegido… ¡tendrá que pagar el 25% del premio en impuestos! Yo tardé un rato en digerir el concepto, que como mínimo me parece discriminatorio (efectivamente los concuros no son para todo el mundo), pero luego más o menos me acostumbré.

En fin, ya este año guardaré la factura del DVD de Los Pitufos contra Godzilla o del taller de armado de repulgues de empanadas.

Enfin!

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