En Eslovenia me cuesta perder las cosas

Carlitos con su bufanda

Lugar: oficinas de la empresa LanCom, en la ciudad Maribor.
Momento: Viernes 27 de marzo de 2008, entre las 9 y las 15.
Motivo: Día 2 de las Jornadas de Virtualización (Dnevi virtualizacije), dedicado a la familia de tecnologías y productos VMWare.

Como no pude conseguir que alguien me llevara en auto, tuve que tomarme el tren de las 5:50 desde Ljubljana. Luego del seminario intenté tomar el tren de vuelta de las 15:14, pero lo perdí, y también los dos trenes siguientes.

Y entonces, ahí esperando en el andén, me di cuenta que tenía un poco de frío… ¡me había dejado la bufanda olvidada en algún lado! Eventualmente llegué a Ljubljana, y a partir del día siguiente empecé a usar otra bufanda. Me resigné a que la próxima vez que volviera a Buenos Aires tendría que comprar una nueva bufanda negra y roja con motivos incaicos, tan bonita como la que había perdido.

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Honestidad (eslovena) brutal

El otro día fui al Mercator de acá cerca para comprar algo para matar al león instalado en mi estómago que ruge todos los mediodías. Por esas cosas que pasan, a la hora de pagar me distraje, y mi billetero (un clip magnético que mantiene juntos los billetes) se me cayó en la línea de cajas. A la noche llego a casa y me doy cuenta, con resignación, que tendré que conseguirme un nuevo billetero.

Dos días más tarde, Ksenija pasa a saludarme a la hora del almuerzo, y decidimos ir a dar una vueltita, porque hay solcito y el sol de otoño es muy lindo para dar vueltas, ¿vio? Esta vez pasamos por una panadería, con la intención de comprar algún pedazo de pan o de strudel o algo así. Mientras hacemos la cola, le digo a Ksenija “no, vamos al Mercator a ver si tienen mi billetero”.

Dicho y hecho. Fuimos al Mercator, y no alcanzamos a explicar qué era lo que habíamos perdido, que la cajera nos lo alcanzó. ¿Resultado? ¡Nada perdido! ¡Qué felicidad!

¿Sería verdad nomás lo que Reader’s Digest dijo sobre Ljubljana? Obviamente, el billetero estaba vacío cuando lo perdí, pero igual para muestra basta un botón, como decían las abuelas de antaño.

Roma, ciudad abierta. Ljubljana, ciudad honesta

De acuerdo a un experimento realizado por las mentes supremas del Reader’s Digest (lo cual ya dice mucho), se midió la “honestidad” de los habitantes de una cantidad de ciudades, y se armó una lista de posiciones.

El experimento consistió en dejar 30 teléfonos celulares en cada ciudad, aparentemente olvidados, y medir qué porcentaje de ellos eran devueltos. Como indica Clarín, Buenos Aires quedó “a la cola”. Y como bien me indicaron dos lectores del blog (gracias Patricia, gracias Damián!), Ljubljana quedó en el absoluto número uno.

Como indica la nota de Clarín, el ranking no se condice con la situación económica, sino con los valores. Y como dice Michael en su comentario, tampoco se condice con el coeficiente de amabilidad de los habitantes (!).

En mi humilde opinión, yo experimenté el comportamiento lublianense en carne propia, hace más de dos años ya, cuando perdí mi portadocumentos completo -incluyendo pasaporte, tarjetas y todo lo demás-, el cual me me fue devuelto intacto.

¿Qué opinan?

Links
- La nota original, en inglés.
- La lista completa de ciudades, y la cantidad de celulares devueltos (formato PDF), también en inglés.