Pasan cosas lindas en Ljubljana. Algunas me pasan a mí

Hoy fue “uno de esos días”. Corridas, estrés, problemas, pero con final feliz… muy feliz. Les cuento.

En el trabajo estuvimos toda la mañana ocupándonos de la mudanza de nuestros servidores a un nuevo proveedor de Internet (Tuš). Estas cosas nunca son simples, pero como las máquinas no están actualmente online, nada demasiado grave podría pasar. Configuramos routers, anotamos la topología de la red, cargamos cables… y a último momento nos dimos cuenta que el chasis de los blades no venía con las guías necesarias para montarlo en un rack. Esto no es un detalle menor, ya que el mostro este pesa unos 70 kg. Pero bueno, llamamos por teléfono y arreglamos que lo instalaríamos en el piso, para luego montarlo una vez que llegaran las guías, las cuales tendríamos que mandar a pedir a Alemania y arribarían a este bendito país en un par de semanas.

Con una incesante llovizna cargamos las cosas en el auto y fuimos para allá. Sorprendentemente todo salió bien, y en un par de horas ya estábamos de vuelta.

Claro está, la cosa no terminó ahí. A las 14:00 -como máximo- yo tenía que rajar del trabajo, porque tenía una grabación en video con Lasanthi a las 15:00, y además tenía que pasar primero por casa a buscar el tabla y la kurta (especie de túnica de la India que uso para los conciertos) que Ksenija me había planchado primorosamente esta mañana.

Salí entonces de la oficina, pensando en todas las cosas que quedaban por hacer, y a eso de las 14:20 llego a la puerta de casa. Amago a buscar las llaves, y en ese momento me doy cuenta. Me había olvidado las llaves en el trabajo Este simple hecho que parece tan raro, puede explicarse porque en el llavero tengo mi palito USB, desde donde corro aplicaciones indispensables para mi trabajo

Mantuve la cabeza lo más fresca posible, y calculé que nadie de la oficina podría llegar lo suficientemente rápido hasta mi casa a entregarme el llavero, por lo que llamé a Ksenija, que trabaja más cerca de casa, para que viniera a abrirme la puerta. Frenéticamente me pongo en contacto con la gente de la grabación para que retrase el comienzo lo más que se pueda, y me pongo a esperar. Ksenija llega corriendo unos 15 minutos más tarde, hablando por teléfono con el responsable de la obra de nuestra casa, sobre cosas tan apasionantes como tipos de inodoros y desagües cloacales.

Subimos, y mientras agarro las cosas, Ksenija me trata de llamar a un taxi, pero da ocupado constantemente, debido a algo que siempre pasa en Ljubljana: apenas caen unas gotas de lluvia, todo el mundo pide taxi. ¿Serán de azúcar los eslovenos?

Resignado me armé entonces con bolso de tabla (unos 12 kg), paraguas gigante, y la kurta en una percha, rumbo a la casa donde grabaríamos el pequeño concierto. Resultó ser más cerca de lo que pensaba, pero el barro, los nervios y la llovizna hicieron el trayecto bastante más inolvidable.

Para ir redondeando, al cruzar el umbral todo mejoró. La música, la gente, la grabación, el sari turquesa de Lasanthi, el té de Sri Lanka, la charla, los increíbles pasados comunes que compartimos, y la buena leche de todo me hizo olvidar de los problemas del trabajo, el barro, la llaves que me olvidé, el tabla que pesa un infierno, el otro tabla que se me hizo pelota justo ahora que tengo un concierto en diez días y el bardo inmenso que significa encargar nuevos parches a India a mil por hora y estar rezando para que lleguen a tiempo, más todo lo relacionado con la casa (puertas, ventanas, presupuestos, calefacción, diferencias entre planos y realidad, cloacas, electricistas, “bombas de calor”, la losa radiante que al parecer no sirve cuando sopla el burja), el seguimiento de la promoción del libro de Ksenija, más el proyecto de traducción del antedicho libro para este verano, y un larguísimo pero larguísimo etcétera.

Me olvidé de todo eso, tocamos el raga Kalavati, y no me importó nada más. Puro ananda, alegría, felicidad, buenaventura.

Y ahora les cuento la frutilla de la torta. ¿Para qué fue esta grabación de las que les estuve contando en los últimos 32.000 párrafos, eh? ¿Para qué? Pues nada más ni nada menos que para el primer manual escolar multimedia de la historia de la educación eslovena, en formato libro+dvd, que se distribuirá en todas las escuelas primarias del país. En otras palabras, ¡¡¡nuestro mini-concierto será visto potencialmente por todos los niños en edad escolar de Eslovenia!!!!!

Dejando de lado el masaje al ego que esto significa, yo me pregunto… ¿En dónde se ha visto que un manual escolar de nada incluya algo tan grosso como música clásica de la India en vivo? De seguro a mí me habría explotado la cabeza, de haber visto algo así al tener 8 o 9 años. Al parecer, hay lugar en Eslovenia para este tipo de cosas. Alhamdulillah.

Entonces, como les decía al comienzo de este ya demasiado largo post, hoy fue “uno de esos días”. Pero sin Angustias y Dolores, gracias a Dios ;-)

Buenas noches!

Estudiantes secundarios bailando por las calles de Ljubljana

En mayo de cada año se termina el ciclo lectivo en Eslovenia: los estudiantes primarios, secundarios y universitarios tienen su receso escolar hasta septiembre u octubre -dependiendo el caso-, donde comienza el nuevo año escolar.

Los alumnos del último año del ciclo secundario tienen un año movidito: deben prepararse para los exámenes de fin de ciclo, que son muy exigentes y que afectan directamente las posibilidades de ser aceptados en la Universidad. Sin embargo, estos mismos chicos también esperan con ansias el baile de graduación (maturantski ples). Chicos y chicas se visten de gala, se alquila un salón de fiestas, y ante padres y profesores se entregan diplomas, se cena opíparamente… y por supuesto, se bailan “cuadrillos” (četvorke). Este baile es el evento más importante de todo el año, de toda la secundaria, y por qué no, el broche que marca el fin de una etapa y el comienzo de otra.

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Ljubljana en primavera se viste de fiesta

Cada pimavera los canteros de Ljubljana se llenan de flores multicolores. Al parecer los tulipanes son los favoritos, si bien también no se quedan atrás las margaritas y las flores silvestres.

Hace unos días salimos a dar una vuelta con Ksenija al solcito, y esto fue lo que vimos… (hacer click en las fotos para ampliar)

Tulipanes amarillos en primavera
Tulipanes amarillos

Tulipanes amarillos y alegres niñas paseando por Ljubljana
Alegres niñas paseando displicentemente por Ljubljana (nótese la canastita)

Tulipanes multicolores en Ljubljana
Tulipanes multicolores

Ksenija y los tulipanes
Ksenija arrinconada por múltiples tulipanes

Al parque de Župančičeva Jama, cerca de mi trabajo, casi se diría que lo vi nacer. El año pasado empezaron a trabajar varias topadoras y palas mecánicas en el por entonces terreno baldío. Cada día pasaba yo por ahí, en mi camino al trabajo. Pensé primeramente que construirían algún tipo de edificio de departamentos (se está construyendo por todos lados actualmente en Ljubljana) pero no: lo que se montó fue un parque de recreación con juegos para niños, pastito, bancos y hasta una estatua!

Parque verde en primavera en Ljubljana, cerca de Županciceva jama
El parque de Županciceva Jama

Estatua en el parque de Župančičeva Jama, Ljubljana
Y la estatua en el parque de Župančičeva Jama, Ljubljana

Seguimos caminando y llegamos hasta Tivoli, el parque más grande y bonito de toda Ljubljana, y por supuesto, nos recibieron más y más tulipanes :-) Nos sentamos un ratito a disfrutar de una exposición de fotos gigantes, pero eso lo contaré en otro momento. Es tarde ahora :-)

Ksenija en modelo primaveral
Ksenija en su modelo primavera 2008

Buenas noches!

El Che Guevara, marca registrada

1 de mayo, Che Guevara marca registrada

Este cartel lo vi en Ljubljana hace unos días. Invitaba a unas actividades alegóricas al Día Internacional del Trabajador.

Me pareció muy provocador (y certero para el tipo de evento que se estaba promocionando) el uso de la foto del Che como un “logo” de marca registrada, más la hoz y el martillo transformadas en el símbolo del capitalismo europeo.

Cómo cambian los tiempos, camaradas.

Indian dance in Slovenia

The Embassy of the Republic of India in Slovenia, the Slovenian Youth Theatre (Slovensko Mladinsko Gledališče) and DREAM

Invite you to an exquisite dance performance by Dr.

Deepti Omchery Bhalla

winner of numerous prestigious awards.

For more information please read here.

For reservations and enquiries, please see attached file. If you order your tickets directly to in.time.in@gmail.com, you will get a € 3 discount.

Best regards and best spring wishes from

DREAM & friends

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Castellano (con acento argentino)Slovenščina

Una semana a media máquina

Toda esta semana, desde el viernes pasado hasta hoy, pasó a media máquina. El viernes a la noche, luego de la ya clásica sesión de bhajans en lo de mis amigos Vojko y Emilija, ya estaba moqueando, con dolor de cabeza, y creo que hasta con un poco de fiebre.

Hoy, una semana más tarde, todavía me cuesta muuuuuucho el levantarme a la mañana temprano, más allá de que la fiebre y los síntomas hayan desaparecido. Es como que estoy soberanamente cansado, y lo único que puedo atinar a hacer es tirarme en el sofá a leer un rato, cual brevísimo preámbulo a una siesta.

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Sí, hay jengibre en Eslovenia

No será fácil conseguir en Ljubljana comino molido, pero jengibre fresco, ingrediente indispensable en la cocina de la India, sí que se consigue!

Jengibre en Eslovenia!

…así que no me vengan después conque “noooooo que no consigo”, cuando ven jengibre en las listas de ingredientes para las recetas que mando por aquí, eh!

Manifestación de trabajadores en Ljubljana

Este 17 de noviembre pasado ocurrió en Ljubljana una manifestación de trabajadores, estudiantes y otros grupos autoconvocados (jubilados, anarquistas, desempleados), para reclamar por mejores sueldos, más becas, y más hogares, y para quejarse de los arancelamientos, las privatizaciones, y el aprovechamiento de la gente en general. He aquí unas fotos.

Más allá de la convocatoria mencionada, que merecería un análisis más detallado, me centro esta vez en la movida publicitaria.

Para empezar, la ciudad estuvo empapelada de carteles como este:

Cartel de la manifestación

y con otras dos variantes, cuyo diseño era el mismo, pero con texto diferente saliendo del megáfono. Además, en algunos lugares clave de la ciudad (el centro centrísimo, la estación de trenes) aparecieron carteles a todo color de 2×1 metros, citando estos slogans y otros más, debajo de rostros de personas de distintos extractos sociales (un obrero, un estudiante, una jubilada, una empresaria, etc).

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Honestidad (eslovena) brutal

El otro día fui al Mercator de acá cerca para comprar algo para matar al león instalado en mi estómago que ruge todos los mediodías. Por esas cosas que pasan, a la hora de pagar me distraje, y mi billetero (un clip magnético que mantiene juntos los billetes) se me cayó en la línea de cajas. A la noche llego a casa y me doy cuenta, con resignación, que tendré que conseguirme un nuevo billetero.

Dos días más tarde, Ksenija pasa a saludarme a la hora del almuerzo, y decidimos ir a dar una vueltita, porque hay solcito y el sol de otoño es muy lindo para dar vueltas, ¿vio? Esta vez pasamos por una panadería, con la intención de comprar algún pedazo de pan o de strudel o algo así. Mientras hacemos la cola, le digo a Ksenija “no, vamos al Mercator a ver si tienen mi billetero”.

Dicho y hecho. Fuimos al Mercator, y no alcanzamos a explicar qué era lo que habíamos perdido, que la cajera nos lo alcanzó. ¿Resultado? ¡Nada perdido! ¡Qué felicidad!

¿Sería verdad nomás lo que Reader’s Digest dijo sobre Ljubljana? Obviamente, el billetero estaba vacío cuando lo perdí, pero igual para muestra basta un botón, como decían las abuelas de antaño.

Roma, ciudad abierta. Ljubljana, ciudad honesta

De acuerdo a un experimento realizado por las mentes supremas del Reader’s Digest (lo cual ya dice mucho), se midió la “honestidad” de los habitantes de una cantidad de ciudades, y se armó una lista de posiciones.

El experimento consistió en dejar 30 teléfonos celulares en cada ciudad, aparentemente olvidados, y medir qué porcentaje de ellos eran devueltos. Como indica Clarín, Buenos Aires quedó “a la cola”. Y como bien me indicaron dos lectores del blog (gracias Patricia, gracias Damián!), Ljubljana quedó en el absoluto número uno.

Como indica la nota de Clarín, el ranking no se condice con la situación económica, sino con los valores. Y como dice Michael en su comentario, tampoco se condice con el coeficiente de amabilidad de los habitantes (!).

En mi humilde opinión, yo experimenté el comportamiento lublianense en carne propia, hace más de dos años ya, cuando perdí mi portadocumentos completo -incluyendo pasaporte, tarjetas y todo lo demás-, el cual me me fue devuelto intacto.

¿Qué opinan?

Links
- La nota original, en inglés.
- La lista completa de ciudades, y la cantidad de celulares devueltos (formato PDF), también en inglés.

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